El asesinato de Colosio o de cuando la sangre se apoderó de las pantallas


El periodista Federico Arreola propuso recordar el 20 aniversario luctuoso de Luis Donaldo Colosio y para tal efecto invitó a los interesados a escribir un texto para hablar de la experiencia personal respecto aquel ya lejano miércoles 23 de marzo de 1994.
En ese tiempo cursaba el tercer semestre de la preparatoria. Como asistía a clases en el turno de la tarde, fue a través de mi profesora de estructura socioeconómica de México que me enteré de lo ocurrido.
“Jóvenes, tengo que informarles que acaban de atentar contra el candidato del PRI a la presidencia de la República”, así, palabras más, palabras menos, nos dio la noticia nuestra profesora.
Después nos dijo que sin duda “la cosa se pondría fea” a partir de semejante acontecimiento. Nos contó que no recordaba un hecho histórico semejante que se pudiera comparar, al menos en la historia reciente de México. Además que seguramente habría una crisis política cuyos alcances no podría siquiera predecir.
Luego, por la noche de ese mismo miércoles 23 de marzo, como no había Internet ni redes sociales, vamos ni computadora en casa, acudí a los noticieros en la televisión para enterarme sobre lo que había ocurrido.
Esa noche miré una y otra vez ese famoso video en el que se observa claramente cómo una pistola es aproximada rápidamente hacia la sien del candidato presidencial del PRI y después la manera en que su cabeza resiente el impacto con un movimiento hacia la izquierda.
En ese tiempo Jacobo Zabludowsky ocupaba el horario del noticiero estelar de Televisa. Claramente recuerdo ese accidentado enlace con Talina Fernández quien de manera circunstancial reportó desde el hospital donde llevaron al candidato y desde donde más tarde fue reportada su muerte.
Estuve frente al televisor hasta que terminó el noticiero y la transmisión especial. Cuando apagué el entonces proyector analógico que teníamos en casa, experimenté incertidumbre, la imagen de Colosio cayendo después de recibir un certero balazo en la cabeza me provocó insomnio. Las palabras de advertencia de mi profesora de estructura socioeconómica de México resonaron en mi cabeza, tanto, que hoy las recuerdo claramente: “las cosas se van a
poner feas”.
Desgraciadamente, nuestra catedrática de estructura socioeconómica de México tuvo razón: 1994 fue un año turbio, incierto, nadie estaba seguro de lo que pasaría en nuestro país. La campaña presidencial tuvo que ser suspendida hasta que el PRI eligiera un candidato suplente, lo que provocó un raro vacío en el tiempo.
Las noticias fueron ocupadas por las pesquisas en torno al asesinato de Colosio y frecuentemente, quizá a diario, veíamos varias veces el video de Colosio en Lomas Taurinas teniendo como fondo musical “La culebra”, que se convirtió en la fúnebre música de fondo de la tragedia.
Después, en septiembre de ese mismo año, vendría el asesinato del secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, lo que cubrió más de nubes negras el horizonte. La sensación era que a partir del asesinato de Colosio, nuestro país sería un lugar en el que los asesinatos y las manchas de sangre serían cosa de todos los días.
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