Ensayos que capturan espíritus

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Alejandro Sandoval

Hay una incomodidad,
algo muy puro que no se puede fingir.
Su nombre es…

Robert Pattinson ya no es un vampiro luminiscente. Tras aquella saga crepuscular tuvo la oportunidad de distanciarse de las tendencias y los reflectores de la farándula para recrear cómo un fotógrafo de corazón dividido quiere, quizá como él en el mundo real, dejar las alfombras rojas para dar un poco de arte a su trabajo.
Dennis Stock volvió a la vida con la cara de Pattinson; lleva una cámara en la mano con el objetivo perdido, quiere convencer que no es un buitre del espectáculo, busca que sus imágenes transmitan un poco más que sonrisas artificiales, que el editor de Life se trague todas las palabras de su ironía sobre “el fotorreportero que quiere ser artista”.
Y es por él y no por quien parece ser el personaje central, que la película Life (Anton Corbijn, 2015), en apelación a la famosa revista estadunidense, resulta en un rico ensayo fotográfico, réplica fiel del que publicara Dennis Stock sobre el afamado actor James Dean, hacia la década de 1950.
En un primer momento, Life parece que transcurre como una película biopic de Dennis Stock, con Pattinson al frente; luego se reclina sobre la trayectoria de Dean, con la actuación de Dane DeHaan; sin embargo, Anton Corbjin no tiene el menor propósito de biografiar a ninguno de los dos. El cineasta prefiere ir y venir con el temperamento y los problemas existenciales de ambos, dos almas rotas en fuego cruzado.
Fotógrafo y actor de cine arman dos océanos profundos y oscuros, coinciden en la esfera célebre del escenario, la crítica, las casas productoras y firmas editoriales. Los une la necesidad de escapar de la obligación de mostrar lo que de ellos se espera según la etiqueta de sus apellidos hasta quedar con los espíritus desnudos.
Por eso Life no trata sobre Dennis Stock o sobre James Dean, es la película que rinde un impecable tributo al resultado de los dos, imágenes que no solo sirvieron para llenar las páginas intermedias de una revista sino para apreciar una historia sincera, cargada de emociones, ideales y esperanzas diluidas sobre cualquier intención lucrativa.
Anton Corbjin sabe sorprender al espectador pues aunque en escasos momentos de la cinta hay evidencia de las fotos reveladas tras el acompañamiento de sus personajes, como en los hechos reales, entenderemos que cada escena de Life guarda una caprichosa relación con el patrimonio gráfico de Dennis Stock, el mismo que encontró una incomodidad, algo muy puro que no se puede fingir. Su nombre es…

SILENTE | @lejandroGALINDO [email protected]

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