Así titulan varios medios de comunicación algunas de sus notas importantes este 10 de mayo: “En el país, las personas con grado de estudios altos son las más castigadas en el mercado laboral. Del total del personal desocupado 50.5 por ciento cuenta con un grado de educación de por lo menos nivel medio superior”. Además, agrega, de acuerdo con un análisis del Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey, con cifras del Inegi: “A pesar de que se está generando empleo, estos puestos de trabajo no requieren de una especialización o capacitación tan específica, por lo que las personas mejor preparadas o con mayor grado de educación no se están ocupando en estas posiciones […] la mayoría de las plazas laborales se ubican de dos a tres salarios mínimos (o sea, entre 160 y 240 pesos diarios). En tanto, la franja de cinco salarios mínimos o más se ha ido reduciendo […] A grandes rasgos se tiene una ocupación aceptable (pues según la Organización Internacional del Trabajo, el desempleo en México es de 4 por ciento), pero hay que fijarnos que dentro de esa ocupación se está contemplando a aquellos que laboran en el sector informal, y prácticamente 56 por ciento de la población ocupada está dentro de dicho sector” (Reforma, 10 de mayo de 2017).
Pero, también hay que puntualizar que, dentro de aquellos que el Inegi considera como “empleados”, hay una serie de situaciones que evidencian claramente que el desempleo es mucho mayor, y no ese “aceptable” 4 por ciento. Veamos:
1) De acuerdo con los parámetros del Inegi, para que una persona sea considerada como “empleada”, basta con que haya trabajado una hora a la semana, aunque sea vendiendo pepitas o lavando parabrisas. Y de cada 100 personas económicamente activas, casi 10 se encuentran desocupadas, o bien, trabajan menos de 15 horas a la semana.
2) Además, debemos añadir a los subempleados, que también contabilizan como “empleados” dentro de las cifras oficiales, es decir, a quienes trabajan entre 15 y 35 horas semanales, necesitando y queriendo trabajar más horas; son los peor pagados, en concordancia con las pocas horas que laboran; en México casi 15 de cada 100 personas ocupadas están en tal condición.
3) También debemos agregar a los que se encuentran en el sector de “subocupados”, que, de acuerdo con las divisiones, subdivisiones y eufemismos del Inegi, son aquellos que trabajan más de 35 horas a la semana, pero que tienen la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas, en México ocho de cada 100 personas que trabajan quisiera trabajar más, “pero no lo hace porque no encuentra dónde hacerlo”.
4) Asimismo, de todas las personas que “tienen” empleo, casi seis de cada 10 se encuentran en la informalidad, es decir, más de 30 millones de mexicanos están “empleados” en el comercio informal, de un total aproximado de 54 millones que se contabilizan dentro de la población económicamente activa (PEA).
Al analizar las tablas del Inegi, encontramos otros subterfugios, pero desde mi punto de vista, estos son los más importantes para darnos una idea más o menos clara de la verdadera situación del empleo en nuestro país. Debe agregarse, además, que voces autorizadas en la materia sostienen que no se puede presumir una tasa de 4 por ciento de desempleo. “Por el contrario, hay estudios que demuestran que una tasa de desempleo demasiado baja en un país con un problema tan extendido de informalidad y bajos ingresos, es resultado del nivel de pobreza de su gente” (Alejandro Gómez Tamez, El Financiero, 8 agosto de 2016).
Pero aún hay más, como decía Raúl Velasco: “el diagnóstico sobre la radiografía laboral en México ya es conocido: informalidad dominante, creación insuficiente de empleos, bajos salarios y condiciones precarias. Aunque no siempre se repara en las horas trabajadas; por mucho México es de los países en que más se trabaja y menos se descansa, lo que no se traduce necesariamente en más productividad. De acuerdo con la OCDE, en México cada persona trabaja en promedio 2 mil 250 horas al año, muy por encima del promedio, de solo mil 748 horas. Comparado con otros países, México es de los que menos días de vacaciones por ley tiene al año, con solo seis, cuando otras naciones como Reino Unido, España, Italia, Brasil, Argentina y Venezuela, tienen más” (Francisco Muciño, Forbes).
Como podemos concluir, en primer lugar la realidad del empleo no es coincidente con las cifras “alentadoras” que nos presentan; muy por el contrario, si descontamos a todos los que contabilizan como gente empleada, pero que la realidad dice que no es así, tendremos que aparte de esos 30 millones que están en la informalidad, mínimo otros 18 millones tampoco cuentan con un empleo (subempleados, subdesocupados, etcétera), o sea que nos van quedando alrededor de 6 millones de mexicanos que sí cuentan con un trabajo seguro, permanente y más o menos bien remunerado en el sector no agrícola. En segundo lugar, que ahora los que menos encuentran un empleo son los más preparados, es una dura pero cierta realidad, pero, peor aún, antes las familias pobres tenían o ponían su esperanza en la educación de sus hijos para mejorar sus condiciones de vida; hoy también, esa oportunidad ha sido cancelada por este injusto modelo económico cada día más agobiante para la mayoría de los mexicanos. Además, los gobiernos ya deberían tener claro que con macanas no van a parar el comercio informal, y los ciudadanos debemos preguntarnos: y el anuncio, las más de las veces con bombo y platillo de que se logró “atraer” miles de millones de pesos en inversiones, hasta hoy, ¿a quién ha beneficiado? Solo a las élites. Las grandes masas trabajadoras han sido las víctimas propiciatorias de este esquema económico, sus damnificados.

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