IGLESIA, HISTORIA Y SOCIEDAD. La evangelización del Estado de Hidalgo


En Hidalgo contamos con gran variedad de manifestaciones religiosas y de festividades en las que el catolicismo llega a fusionarse con elementos culturales prehispánicos. Una de las características más comunes de las festividades es su marcado sincretismo religioso, el cual ha contribuido a establecer ricos patrones culturales a través de un largo proceso histórico, mismo que se originó con la llegada de los primeros evangelizadores agustinos y franciscanos.


Los agustinos llegaron a Nueva España en 1533 y de inmediato iniciaron su trabajo de evangelización en las regiones vírgenes que no habían sido cristianizadas y así seleccionaron la sierra hidalguense, el valle del mezquital y la región huasteca. Con el tiempo los territorios seleccionados se convirtieron en una de las principales joyas de la orden agustina, principalmente por las proezas de sus más insignes frailes: Juan de Gallego, Francisco de la Cruz, Alonso de Borja, Gregorio de Salazar, Juan de San Martín, Juan de Estacio, Juan de Sevilla y fray Antonio de Roa, que en palabras del cronista Grijalva fue un “monstruo de la santidad.”
Escribir acerca del primer trabajo misional en Hidalgo es una tarea complicada, porque exige el manejo de gran cantidad de datos y la sensatez para interpretarlos. Sin embargo, tomando como base la investigación de archivo, así como las crónicas de Juan de Grijalva, y de forma complementaria las de Jerónimo de Mendieta y Torquemada, estamos en condiciones de saber cómo fue el trabajo agustino. Los agustinos se mostraron muy hábiles en la organización de las comunidades indígenas a quienes les impartieron una aceptable formación espiritual y moral. Sus métodos fueron los del convencimiento y la convicción del privilegio de ser cristianos. Pretendieron construir una “república india” para conservar, por un lado, los elementos culturales autóctonos que no fueran contrarios a los preceptos cristianos, y por el otro, incorporar los nuevos contenidos religiosos a la vida cotidiana de su nueva feligresía.
Para llevar a cabo ese objetivo congregaron a los indígenas dispersos en la profundidad de las serranías y en las cuevas casi inexpugnables. Los agustinos aplicaron la terapia ocupacional que convirtió a sus fieles en excelentes artesanos en los trabajos de construcción de iglesias y conventos. Formaron además escuelas para los niños, grupos de coros y músicos para los oficios religiosos. También fundaron hospitales anexos a sus conventos y aprovecharon los conocimientos de la herbolaria prehispánica. La pedagogía catequética era objeto de atención diaria con el método oral memorizado y el resultado de todo ello fue la organización de pueblos que terminaron por abrazar el cristianismo.
En su praxis pastoral confiaron en la capacidad del indio y en su desmesurada docilidad y receptividad para aceptar el dogma cristiano. Fueron los agustinos, estima Ricard, quienes mayor confianza mostraron en las capacidades intelectuales de los indígenas y tuvieron para sus fieles muy altas ambiciones. Tenían la confianza que una vez extirpada la idolatría y todas sus prácticas ancestrales, tendrían la mejor cristiandad del mundo. La misión fundamental de los agustinos fue combatir y erradicar las religiones indígenas politeístas para implantar la fe católica. Se dieron a la tarea de liquidar toda expresión religiosa contraria a la práctica católica y para cumplir con esos objetivos, bautizaron y luego elaboraron catecismos en la lengua nativa para la enseñanza de los sacramentos.
El bautismo; desde 1534, los agustinos optaron por guardar en todo el ceremonial romano, bautizando a los niños todos los domingos y poniendo cuatro fechas anuales para los adultos con suficiente doctrina; Pascua, Navidad, Pentecostés y San Agustín. La confesión; el cronista Grijalva nos relata que en las porterías y atrios de los conventos los fieles se confesaban con gran devoción y rezos. Los frailes mediante pláticas los exhortaban al arrepentimiento de los pecados, y en su caso, a la restitución de los bienes mal adquiridos. La eucaristía; los fieles confirmaban la devoción con que recibían este sacramento. Se vestían de fiesta, se iban a la iglesia y allí esperaban en silencio la celebración de la misa. Al comulgar, los frailes les colocaban unas guirnaldas de flores y repetían los rezos y en silencio daban gracias por los bienes recibidos. Los vecinos les procuraban el sustento aquel día, haciendo notar el cronista Grijalva, que el comulgante era reverenciado. Terminando de comer regresaban a la iglesia y allí se pasaban la tarde, después visitaban cruces y ermitas.
¿Cuál fue el saldo de la primera evangelización (siglo XVI) para la entidad hidalguense? Los frailes lograron implantar a Cristo y las formas básicas del catolicismo quedaron firmemente establecidas. La administración de los sacramentos y las festividades religiosas como la semana santa y otras, fueron exitosamente asimiladas. Se combatió y se liquidó con éxito la religión prehispánica en sus principales expresiones y terminaron para siempre los sacrificios humanos.
Uno de los éxitos de la evangelización fue la que se aplicó a los niños, especialmente a los hijos de los caciques y en este asunto, los frailes fueron muy hábiles, ya que utilizaron a los infantes como medio de propagación del dogma cristiano, y al mismo tiempo, como denunciantes de las prácticas idólatras que clandestinamente se llevaban a cabo en sus comunidades. Un hecho notable fue que los agustinos recurrieran a la lengua nativa para cristianizar y con esta acción marcaron línea con los conquistadores y colonizadores españoles y se colocaron como representantes de una religión, que si bien alienaba al indio al orden colonial, le brindaba cierto consuelo, protección y le reconocía su humanidad.
Pero el éxito misional presentó algunas fallas; algunos fieles regresaron a sus tradicionales prácticas idolátricas por lo que los frailes se vieron en la necesidad de implantar medidas disciplinarias. En 1536 en Tula, algunos personajes como Tacatletl y Tanixtetl se les acusó de efectuar sacrificios a sus dioses, por lo que fueron castigados con azotes, se les trasquilo y fueron desterrados de sus pueblos y recluidos en el convento. Otro caso documentado ocurrió en Tulancingo en 1537 a Mocahuque, sacerdote principal de su localidad. Los vecinos lo denunciaron por realizar ritos en una cueva con diversos ídolos y por esa falta se le aplicaron 100 azotes, sus bienes fueron confiscados y después fue trasquilado en público y encerrado en el convento para instruirse en el catolicismo. Estos casos son de fechas tempranas, pero es probable que se hayan presentado muchos más durante la primera evangelización, como una reacción contra los agustinos y su religión cristiana.
Hoy, el legado de los agustinos en Hidalgo ha quedado reducido al turismo, a los datos estadísticos, al listado de conventos y al estudio de las formas arquitectónicas y a la pintura mural. Esta visión que predomina en la historiografía hidalguense es un tanto superficial, porque ha dejado grandes lagunas. Algunas temáticas que no han sido examinadas son las siguientes; la evangelización vista también como teología de la dominación y la influencian que tuvo para replantear la historia, la cultura y el futuro del indígena; la doctrina cristiana como medio de transformación de las tradicionales relaciones sociales para la integración del indígena al nuevo statu quo de dominación y finalmente el tema de la pobreza como estilo de vida, mismo que fue practicado por los agustinos y la forma cómo lo interpretaron las comunidades de la Sierra y la Huasteca y sus consecuencias futuras.
* Investigador UAEH-Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades

www.iglesiahistoriaysociedad.com

mundog08@hotmail.com

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