¿Qué pensará la gente que vive en un pueblo a 45 kilómetros de Plaza Juárez, precisamente en el estado de Quintana Roo? El pueblo se llama Leona Vicario. ¿Sabrán estas personas quién es la mujer que da nombre a su región? ¿Les dará orgullo reconocer a esa heroína de la Independencia de México? ¿Ese reconocimiento basta para evocar con justicia lo que esta mujer luchó en 1810?
Pero las investigaciones y biografías cada vez la acercan más a la representación de una mujer mexicana que a principios del siglo XIX rompió con estereotipos, mitos y símbolos en torno al deber ser femenino y prefirió otro modo de ser humano y libre.
Los reconocimientos no son suficientes, pero delatan las actitudes de una sociedad patriarcal que no sabe ni intenta saber cómo rendir un homenaje honesto a una mujer brillante que ha luchado por su país con pasión y entrega.
El día de su muerte, el presidente Santa Anna decidió encabezar la procesión fúnebre del sepelio de Leona y las solemnes exequias en la iglesia de Santo Domingo.
Los diarios de la época olvidaron los logros de esta mujer y destacaron que había fallecido "la dignísima consorte del señor don Andrés Quintana Roo.
En el centenario de la Independencia, los restos de la pareja fueron trasladados a la Rotonda de Hombres Ilustres, hoy de personas ilustres, pero nuevamente Leona invadía un espacio masculino. El traslado de los restos fue realizado en un ostentoso desfile por las principales calles de la ciudad de México.
Se dice que en 1827, la legislatura de Coahuila decidió cambiar el nombre de su capital por el de Leona Vicario.
Un homenaje en vida para esa mujer que en ese entonces tenía 38 años. Pero no fue posible porque ese tipo de reconocimientos solamente se podía otorgar como honores póstumos. Ante tal situación, el congreso local "hizo votos por que Dios le conservara la vida muchos años para satisfacción de su nación que la idolatra, honra de su sexo y ejemplo de constancia y patriotismo". (García, 1980:99)
Por lo menos, gracias a sus hazañas de libertad su nombre está escrito con letras de oro en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, representando a la mujer mexicana que ayudó a la lucha por la libertad y que gracias a ella, el día de hoy nos dio patria.
Leona Vicario, hoy la insurgenta, gracias a una novela premiada. Siempre la corresponsal general de los insurgentes. Precursora del periodismo hecho por mujeres en México. Una vida que late por siempre en las páginas de nuestra historia. La historia de nuestro país y la historia de las mujeres que estuvieron, están y estarán participando tenazmente en los procesos sociales de nuestro pasado y presente. Su ya reconocida carta al prestigiado intelectual del siglo XIX Lucas Alamán se ha convertido en consigna de mujeres que escribimos y hacemos la historia de México:
"Confiese Sr. Alamán que no sólo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos y que los sentimientos de la gloria y la libertad no les son unos sentimientos extraños; antes bien vale obrar en ellos con más vigor, como que siempre los sacrificios de las mujeres, sea el cual fuere el objeto o causa por quien las hacen, son desinteresados, y parece que no buscan mas recompensa de ellos, que la de que sean aceptadas. Por lo que a mí toca, sé decir que mis acciones y opiniones han sido siempre muy libres, nadie ha influido absolutamente en ellas, y en este punto he obrado con total independencia y un atender que las opiniones que han tenido las personas que he estimado. Me persuado de que así serán todas las mujeres, exceptuando a las muy estúpidas, y a las que por efecto de su educación hayan contraído un hábito servil. De ambas clases hay también muchísimos hombres."








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