En la bancada del Partido Nueva Alianza, en la Cámara de Diputados, el legislador Jaime Arturo Vázquez Aguilar suscitó un conflicto que trasciende lo doméstico y obliga, incluso, a una seria e inmediata revisión y reforma de la Ley Orgánica del Congreso de la Unión; en la vida interna de los institutos políticos cada quien se persigna con sus oraciones y dictados.
Y no se trata de filias o fobias hacia la maestra, porque cada quien sabe a qué santo se arrima para crecer políticamente. Sin embargo, en este escenario también hay quienes cuentan con suficientes o vastos recursos personales para trascender al madrinazgo, en el perfil de quienes pertenecen al ámbito del grupo de la presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y dirigente real del Partido Nueva Alianza.
Desde la clausura del segundo periodo ordinario de sesiones del primer año de la LXI Legislatura federal en la Cámara baja, Jaime Arturo Vázquez Aguilar recibió la instrucción de dejar la curul a su suplente, Sarbelio Augusto Molina Vélez, dirigente de una sección del SNTE. Pero Jaime se negó.
Con suficientes elementos de trabajo legislativo y capacidad política, Vázquez Aguilar se rebeló a la orden de la maestra Gordillo, manifestada por Reyes Tamez Guerra, coordinador de la bancada de Nueva Alianza.
Pero Tamez siguió con la instrucción y operó una medida para destituir al joven diputado Vázquez Aguilar, de un ramillete de comisiones. Y ello pudo prosperar, pero el coordinador no contaba con que Jaime Arturo sabe de estas cuestiones y había preparado su defensa, tanto que desarmó a Tamez con los mismos argumentos utilizados por éste para defenestrarlo.
En suma, Jaime logró que el pleno de la Cámara de Diputados regresara a la Junta de Coordinación Política la solicitud de su grupo parlamentario, mediante la cual se pedía removerlo de la presidencia de la Comisión Especial de Impulso a la Calidad Educativa y de la del Grupo de Amistad México-Irak. Y es que ambas posiciones las asumió porque el pleno camaral votó por ello y no por designación directa de Tamez Guerra.
"Las destituciones -argumentó Jaime ante el pleno-, cuando no están sustentadas en las normas, terminan violentando la libertad de expresión y de pensamiento. Peor aún: resultan ser castigos injustificados a la crítica constructiva y al trabajo parlamentario. Las anomalías hacia mi investidura son evidentes y claras. Por mencionar sólo una, se ha pasado por encima del máximo cuerpo de deliberación de esta soberanía, que es el pleno.
"Es momento de decir basta a los chantajes, a las simulaciones, a las arbitrariedades, al atropello de los derechos constitucionales. También basta de interpretaciones legales a modo. Los arrebatos, las venganzas, las imposiciones, no tienen cabida en esta Cámara. El diálogo, los consensos, las soluciones y la ley, es lo que debe de regir la vida parlamentaria". Ya adivinó usted quién es la destinataria del mensaje. Es una rebelión que dejará huella en el PANAL.
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