Escrito por Agencias    Martes, 07 de Septiembre de 2010 11:21    PDF E-mail
Recibiría Chile primer León de Oro de su historia
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¿Recibirá Chile el primer León de Oro de su historia precisamente un 11 de septiembre? El chileno Pablo Larraín acaricia ese sueño irónico con Post Mortem, el sigiloso pero lúcido retrato del golpe de estado de Pinochet que sucedió ese mismo día pero en 1973 y que ha cautivado a la Mostra.


"Sería maravilloso, pero no quiero pensar en ello. Estar aquí ya es el premio", reconoce Larraín en la única frase hecha que sale de la boca de este director, cuyo cine es de todo menos convencional.

"Mis personajes no son raros. La vida es rara", afirma Larraín en una entrevista con varios medios. Y esta explicación viene a propósito del apático comportamiento de su protagonista ante los hechos que cambiaron la historia de su país.

Larraín recuerda que los resquicios de cotidianeidad prosiguen mientras el mundo se desmorona. "En lo cotidiano todos somos raros. Subimos a un taxi, se nos caen las monedas y no abrimos bien la puerta. La vida no es tan orgánica como el cine, pero cuando la representas tal cual es, la gente cree que lo que haces es raro".

Mario Cornejo, el protagonista de su filme, es el sospechoso de "rareza": trabaja en la morgue del Hospital Militar de Santiago de Chile y asiste impasible a la cascada de cadáveres que se amontonan allí en las horas posteriores al golpe de Estado.

Tres actos marcan su paradójica moral: "No duerme con gente que duerme con otra gente, cuando le preguntan si es católico responde que sólo cuando lo necesita y, finalmente, ayuda a un opositor superviviente que provoca el asesinato de la enfermera que le asiste", resume el director, que explora en esta cinta caminos similares a los que ya frecuentó en "Tony Manero".

No hay juicio moral. No hay redención, "¿alguien conoce a alguien en su vida que se haya redimido?", pregunta Larraín. Y los actos de sus personajes no tienen consecuencias ejemplarizantes.

Pero, entonces, si Mario no se opone al golpe e incluso le beneficia, ¿es cómplice de la dictadura? "Un hecho histórico así polariza fuertemente a la población. Aquél día la gente estaba muy confusa. Ahora sabes quién era el bueno y quién era el malo, pero entonces la información era muy desconcertante", explica Larraín.

Dentro de ese no saber nada, a sus personajes en realidad no les interesa nada. Mario, interpretado con sobriedad aterradora por Alfonso Castro, vive para su enfermiza obsesión amorosa hacia una bailarina de cabaret interpretada por Antonia Zegert.

Y su día a día está plagado de cosas que suceden a diario pero que a la gente corriente le interesa olvidar. "Las autopsias se realizan todos los días, en todos los pueblos hay una morgue. Todos vamos a acabar desnudos en una mesa como la que sale en la película", explica.

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