Desde las páginas en blanco y negro que albergaba Libre por convicción Independiente de Hidalgo hasta las vistas llenas de likes y retuits, La Recoleta llegó sin duda para quedarse

Con cuatro años prendiendo la luz de un farol que comenzó en dos páginas de este diario, La Recoleta voló hacia otros aires más digitales y ahora apuesta por ser un medio independiente que dé un espacio a los tanques de oxigeno culturales del estado.
Coordinado por el visionario Alejandro Galindo Sandoval y con las miradas críticas, optimistas, sensibles e inteligentes de ahora un grupo de mujeres que se han convertido en las voces de los acontecimientos de la Bella Airosa, este espacio crece y se nutre día a día ahora en la era digital.
Pero ¿cómo llegó La Recoleta a soplar cuatro velitas en un pastel? Justo el mismo Alejandro Galindo relató un poco de historia de esta agencia cultural, que es como se describe a sí misma.
“Estaba ‘El tendedero’, que era parte de la sección de cultura, y luego terminó el año e hicimos ‘El tendedero’ como cualquier sección rellenable… en realidad no era algo que se hiciera con la calidad que se buscaba y entonces llegó diciembre, nos fuimos de vacaciones; regresamos y Elsa Ángeles, directora del periódico en ese entonces, me pidió que replanteara la sección.”
Ya entrados en gastos, como dijera Alejandro, fue que se empezaron a realizar algunos cambios, como el nombre y formar un pequeño proyecto editorial.
“La verdad es que no había pensado en convocar a nadie, era sí crear secciones y tratar de darle una estructura a ‘El tendedero’ que eran dos páginas en blanco y negro y haz lo que quieras con ellas, y en La Recoleta era que tuviera pequeñas secciones y saber qué colocar ahí.”

La Recoleta

después de dos modificaciones de imagen y 132 números, dio un brincó de enormes proporciones y se alojó en un dominio de Internet

 

 

 

 

 

 

Lo que comenzó siendo un espacio para que compañeros de Libre por convicción Independiente de Hidalgo y otros externos colaboraran de manera esporádica en la realización de los textos, se convirtió en una plataforma en el ciberespacio de difusión.
“Empezamos con un número del desamor, creo que Emma Fermín hizo el texto principal, recuerdo que entre ella y Laura Trejo hicieron contrapartes, la que estaba a favor del amor y la que no creía en él.”
Con lo demandante de la reporteada, La Recoleta entró en conflicto y fue entonces cuando se dio el siguiente paso: formar un consejo editorial.
“A veces era viernes y no teníamos nada y no lo podíamos dejar vacío y esas circunstancias hicieron que de pronto no era lo que se esperaba de La Recoleta. En una ocasión Elsa llegó y me dijo: ‘Checa esto porque está bajando la calidad’, esa noche fue de la pensadera, ver qué podía hacer para que mejorara.”
Al día siguiente, Alejandro fue al Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, mejor conocido como el ICSHu, al área de ciencias de la comunicación.
“Fui a buscar un equipo para fortalecer a La Recoleta y que ahora sí funcionara como un pequeño laboratorio editorial, no sabía que Elsa iba a estar ahí, porque estaba un poco enojada, justo la coordinadora me pasó al grupo donde mi jefa estaba dando clases.”
Alejandro presentó a estudiantes La Recoleta y los convocó a ser parte del proyecto o como él dijo en ese entonces “jugar a ser periodismo”.
“Estaban muy tensos porque recién Elsa los había regañado, entonces creo que lo que yo les dijera tampoco les dio mucha inspiración, pero al final me alcanzaron algunas chicas y así se formó el primer consejo Recoleto.”
Con tareas coordinadas e incluso pequeñas juntas editoriales La Recoleta empezó a enriquecerse, así aparecieron nuevas secciones como “El tumbaburros” o “Contradefiniciones”, después más compañeros se sumaron.
“De ese gusto entró Sandra Carrillo, la más chica y quien estaba estudiando la prepa y contagió a más compañeros de ese nivel, llegó el momento en que había más personas de prepa que de comunicación, en ese momento se consolidó el consejo Recoleto como no periodistas que hacían periodismo, lo que me pareció una disidencia.”
Con dos años de números en los que se contaban historias, experiencias personales, voces que querían expresar ideas concretas sobre lo que la sociedad amaba o detestaba e incluso cimbrando un poco de escandalo, La Recoleta entró de nuevo en conflicto.
“El conflicto siempre ha sido clave en esta evolución, yo me fui del diario y la aspiración era que La Recoleta se quedara y que no dependiera de las personas sino que fuera una semillita y que la gente que llegara le aportara otras cosas, pero no fue así y pues después parte de recuperar cosas perdidas fue que surgiera la idea de solicitar los derechos de La Recoleta, yo sabía que no era mía, incluso ahora y estaban las cosas contractuales pero bueno, había una serie de desencuentros, un desgaste y ya no fue lo mismo.”
Es entonces cuando La Recoleta después de dos modificaciones de imagen (que según el propio Alejandro una era muy romántica y la otra le decían que parecía el logotipo de Bacardi o al de los Thundercats), y 132 números, dio un brinco de enormes proporciones y se alojó en un dominio de Internet.

recoleta
“No sabíamos en qué pleito nos habíamos metido, pensamos que seguiríamos jugando, pero con las personas que sabían de páginas web, de diseño y la gente que quería apoyar el sueño se creó este nuevo farol y el reto implicaba transitar de la experiencia impresa a un medio web.”
Aun con limitaciones, La Recoleta ha tenido un buen inicio, hoy se encuentran en sus filas ojos sagaces y sensibles como el de Alejandra Zamora y Luisa Amador, pensamientos críticos y oportunos como los de Lourdes Naranjo y Sandra Carillo; aunque en un principio se comenzó cubriendo eventos, Alejandro cayó en la cuenta de que hacían lo mismo que siempre.
“Estamos aun en la decisión de crear una forma de contribuir a la difusión de las artes en el estado porque también es algo que está castigado, pero queremos proponer en cuanto a contenido, entonces nos hicimos de una barra de opinión así como mantener cosas de la antigua Recoleta como el ‘Letrómanos’ que es algo que mostraba el espíritu de lo que éramos en un inicio, la creación literaria… ahí va en ese proceso de descubrir.”
La celebración de este cuarto aniversario fue una necesidad de sentir que La Recoleta no es el único medio independiente que lidia con limitaciones, sino que hay otros medios con propuestas frescas e innovadoras.
“Hay que seguir creciendo, no tenemos otra alternativa, La Recoleta existe como un medio independiente, eso es lo que queremos ser y no nos podemos dar el lujo de dejarla y por eso hay que seguir en esa troncal.
“Por el momento no buscamos que sea una SA de CV ni enriquecernos con ella, quizá sí queremos montar una estructura autosustentable pero para que sobreviva el sueño de La Recoleta y que no se pervierta, queremos que desde este entorno local y no centralista, no financiado y no involucrado con ningún compromiso podamos hacer cosas buenas que satisfagan nuestros espíritus y todo lo que queremos hacer.”
Que así sea doctor, que así sea…

Hay que seguir creciendo, no tenemos otra alternativa, La Recoleta existe como un medio independiente, eso es lo que queremos ser y no nos podemos dar el lujo de dejarla y por eso hay que seguir en esa troncal”

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