Con el sexto anillo en la historia de la franquicia de Nueva Inglaterra, el Super Bowl culminó una nota disonante para lo que había sido la campaña, los puntos se ausentaron del marcador y sí, en una temporada caracterizada por marcadores de escándalo, la defensiva ganó el juego para Patriotas.

A mí, en lo personal, me gustan mucho los duelos defensivos. ¡Ojo! Tengo que aclarar que no es lo mismo un juego cerrado por las defensivas, a un juego en el que simplemente la ofensiva no puede anotar. El Super Bowl fue un juego cerrado por las defensivas. Si bien ya había yo adelantado que los frontales de Rams tenían lo necesario para limitar a Brady –lo cual hicieron y provocaron que, el que para muchos es el mejor de todos los tiempos, luciera inseguro y con pases erráticos–, lo que no esperaba fue la magistral estrategia por parte de Patriotas.

Para muchos, el Super Bowl no fue espectacular en lo más mínimo, pero los invito a que hagan memoria y me ayuden a recordar cuándo fue la última vez en la que se hicieron tantos cambios en la línea defensiva durante un partido, yo no me acuerdo, pero sinceramente, fue una genialidad. No solo se mantuvieron frescos, sino que se mantuvieron impredecibles y no permitieron que Goff y Anderson –porque Gurley no llegó a la postemporada– encontraran el modo de mover las cadenas. Simplemente fantástico.

Nueva Inglaterra se aloja, junto con Pittsburgh, en la cúspide con seis anillos y con lo que parece ser la dupla más peligrosa entre coach y QB. La discusión ahora es sobre si Tom Brady es el más grande de todos los tiempos, para mí es el más ganador (hasta ahora) y está en el top 10 de los mejores, pero Nueva Inglaterra es y será siempre su zona de confort y a menos que se animara a salir y probar que él hace al equipo y no el equipo a él, no puede ser el mejor de todos.

Y así culmina la campaña, viene la sequía de americano, el tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos y pronto tendremos la emoción del deporte más rudo del planeta.

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