“Heme aquí padre celestial para agradecerte, por haberme dado larga vida: lo que significa que guardas un amor especial por mí.
Me has ofrecido la oportunidad de ir acumulando más y más méritos para no llegar ante tu trono con las manos vacías.
Sino rebosantes de denarios celestiales.”

Una de las ocho mujeres que ha tenido el honor de estar en la Rotonda de las Personas Ilustres, su tumba está constituida por un libro abierto donde en la primera página se lee el poema con el que iniciamos hoy nuestra columna. Ella fue Emma Godoy y este año es importante recordarla porque es el centenario de su nacimiento.
En efecto, ella nació en 1918 en Guanajuato. Destacó por ser una escritora sensible pero también fue una maestra muy comprometida. Gracias a su tenacidad surgió la Dive (Dignificadora de la Vejez AC), que ella fundó y que representó un antecedente muy significativo para la creación del Instituto Nacional de Personas Mayores. En uno de los tantos homenajes que le han hecho, se le describió como multifacética, antifeminista, solterona feliz y fumadora empedernida. Fue precisamente ese vicio el que provocó que ella falleciera el 30 de julio de 1989. Una amiga suya, la evocó de esta manera:

“Emma, antes de morir y hacer su testamento decidió vender a los inquilinos del edificio que poseía en Viaducto, una zona de la Ciudad de México, sus departamentos a precios módicos. Decidió por consejo de Lidia Camarena, una exdiputada del PRI y militante irredenta de ese partido, que las regalías de sus numerosos libros se dedicaran a reproducir eternamente sus obras de literatura, filosofía, reflexiones y cuentos… Emma, quien tenía sus ahorros en Houston, viajó a esa ciudad texana a ver un médico. Le diagnosticaron cáncer de pulmón. Héctor Martínez Serrano, un popular locutor de la radio mexicana, la recuerda siempre con un cigarro tras otro. Salvarla fue imposible porque las 50 quimioterapias no las resistiría. A la primera de las quemaduras (de la primera quimioterapia) no la aguantó y le habló a Lidia para decirle que se iba a morir en tres meses, a pesar de que su médico le había predicho que viviría seis meses. El día de su fallecimiento, Lidia, quien le llamaba todos los días, tomó el teléfono y trató de comunicarse con ella. No lo logró al primer intento hasta que Ema le contestó para decirle que el arzobispo le estaba dando los santos óleos y colgó. Media hora después, volvió a llamar Lidia y le contestó una trabajadora doméstica, quien le dijo que la “señora Ema” había fallecido. “Así era Emma”, dijo Lidia Camarena, quien cuando el presidente Vicente Fox le ofreció una chamba en su gobierno, Lidia le rechazó la oferta por ser completamente priista, pero le pidió que los restos de Emma fueran trasladados a la Rotonda…”

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