Una vez instalado el Congreso constituyente, el Palacio de Iturbide de la ciudad de Querétaro cambiaría su nombre a Teatro de la República con el fin de adecuarlo a las nuevas circunstancias de una época revolucionaria y pragmática.
Se iniciaron sus labores el primero de diciembre de 1916 formando comisiones, estableciendo mesas de trabajo que deslindaron algunas responsabilidades, así el 12 de diciembre comenzaron los debates sobre el proyecto de reformas a la Constitución de 1857 que fue presentado por Venustiano Carranza, el cual fue rechazado por el congreso que –según afirma Jesús Romero Flores– estaba integrado por un total de 220 constituyentes: 56 abogados, 21 médicos, 18 ingenieros, 13 generales, 10 coroneles, cinco mayores, ocho periodistas, 15 profesores, 16 de otras profesiones y 24 obreros.
Pero los conflictos entre los jacobinos y los carrancistas no se limitaron a la disputa por la educación y por la conciencia de los mexicanos, la propuesta de Pastor Rouaix para el artículo 123 también causó graves problemas. Efectivamente, Carranza era un antiobrerista por los cuatro costados y se opuso a que se aprobara el conjunto de principios de protección al trabajo más avanzado del mundo en ese momento.
Con el artículo 27 ocurrió algo muy parecido, pues mientras Palavicini defendió a capa y espada un texto que mantenía el espíritu de la Constitución de 1857, los diputados jacobinos –acaudillados por Heriberto Jara, Juan de Dios Bojórquez y Pastor Rouaix– terminaron por imponerse a las ideas de Carranza y el país recuperó la propiedad de los recursos del subsuelo y pudo dar paso a una reforma agraria que no necesariamente se convirtió en una fuente de riqueza y sí en una manera de repartir la pobreza entre los hombres del campo.
Así, batalla tras batalla, Carranza y sus diputados fueron derrotados por los jacobinos, que impusieron sus puntos de vista en la mayor parte de los artículos de la nueva carta magna y, de esa manera, según cuenta Charles C Cumberland:
“Acabada la Constitución y completos sus artículos transitorios en la tarde del 31 de enero todos los delegados y el primer jefe le juraron fidelidad en medio de un efluvio de emocionado entusiasmo. En 62 días condensados, trabajando por las noches, los domingos y los días de fiesta, la convención de Querétaro produjo la más larga constitución jamás redactada hasta ese momento. Los ultraconservadores y los exseguidores de Huerta (que formaban parte del grupo carrancista), se convencieron de que la ‘ilegal’ Constitución había sido redactada por una minoría en un congreso que representaba a una pequeña minoría de la nación.”
Carranza y sus diputados conservadores fueron derrotados, al igual que su proyecto para remozar la Constitución de 1857, y sin embargo el primer jefe terminó siendo revindicado –algo increíble– por los historiadores oficialistas como el padre de la Constitución de 1917, a pesar de haber sido uno de sus principales opositores y a pesar de que al asumir las funciones de presidente, abandonando las de primer jefe, Carranza resolvió poner de lado el artículo tercero de la nueva Constitución y las disposiciones del 130 y preparó dos iniciativas de reformas para desbaratar en el próximo Congreso lo que el de Querétaro había logrado contra su voluntad, hiriéndole en su amor propio, ultrajándole en su dignidad, contrariándole en sus planes de gobierno, desconceptuándoles en sus relaciones con el protector yanqui, y para mayor agravio, atacándole en sus bien asentadas convicciones de viejo liberal doctrinario.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.