Cuando empecé a escribir mi libro Bellas y airosas: Mujeres en Hidalgo, en 2007, hace ya 10 años, de todas las mujeres que fui recuperando, Margarita de inmediato me conquistó. Hasta la fecha repito amorosa uno de los primeros poemas que llegaron al fondo de mi alma:

“Ésta es la primera morada.
Allá, en la otra, Eva te llora,
Eva te busca y te llama.
No la oigas. Quédate con ésta
Sin edad y sin nombre,
La que en verdad te ama…”

Entonces hice una semblanza de ella, jurando que haría una investigación más completa. Quería recuperar a la poeta pero también a la periodista, a la madre y a la mujer. Y entre más escarbaba su vida, más detalles para admirarla: guionista, publicista, crítica, jurado en el festival de la OTI, traductora, provocadora de debates excelentemente argumentados. Oh, descubro que debatió con las fundadoras de la revista FEM. Sensible hasta el desmayo, me confía Beatriz Espejo. Cantaba hermoso, delata en el mismo tono su hija Andrea. Funda un periódico hecho por mujeres. Mi alumna Luisa García me ayuda recopilar sus columnas y termina haciendo una tesis sobre ella.
Sí, en 100 años Margarita ha hecho todo esto.
En el libro de Bellas y airosas la describo con cariño, con toda mi admiración: “La poeta Margarita, la escritora Michelena. La sensible Margarita, la exquisita Michelena. La periodista y la crítica. La de mirada sagaz y tono mordaz. La diva del viento, la bella y airosa. La mujer de palabras, la cautiva en su poesía. La trágica y la realista. La radiante y la ensimismada. La nacida en tierra hidalguense. La de raíces pachuqueñas. La misma que pasó más tiempo en la ciudad de México, pero que no olvidó la mirada profunda de un minero humilde, el olor a pan de las mujeres de Zacualtipán o las horas marcadas alegremente por un majestuoso reloj. Fue así como un 21 de julio de 1917, en Pachuca brotó una Margarita única, de apellido Michelena”.
Mujer cautiva en sí misma puede describirse “sin memoria ni olvido… sin corazón que arda”. Solamente una mujer que puede parir poemas reconoce vivir encerrada en su cuerpo. Es una poeta auténtica la que logra advertir sin tono trágico pero sí con voz orgullosa que nada es suyo, ni sus cabellos, ni su sonrisa ni su nombre porque “nada de lo que es mío ha nacido conmigo”. Son apenas unos poemas escritos por Michelena y ya nos develan sueños. Ya describen o fantasías. Desde apuestas por la vida hasta reconciliaciones generosas consigo misma. Cuánta sinceridad bordan esas palabras dichas en una entrevista: “Mi verdadera biografía está en mis versos”. Y su poesía sopla bella y airosa para celebrar 100 años de Margarita Michelena:

“Yo puedo ser dos vidas.
A las dos puedo amarlas.
A veces las sorprendo, con su canción,
A una, jugando en mis cabellos.
Y a la otra matándome
Con su fuego de estrella.”

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.