Y Margarita creció, entonces decidió irse a la Ciudad de México. Entonces se fue a estudiar a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Octavio Paz, compañero de esa vida universitaria, evoca aquellos tiempos:
“Conocí a Margarita Michelena en la universidad, hace muchos, muchos años. Los dos padecíamos una enfermedad frecuente en la juventud pero que solo en pocas ocasiones se vuelve crónica: la afición a escribir y a leer poemas. En el caso de Margarita la poesía, la escrita y la leída, ha sido su alimento terrestre y espiritual, la ventana por la que ha contemplado al mundo y por la que, no pocas veces, ha dado un salto para descender al fondo de sí misma.”
Y esa joven bellairosa llegó a la capital del país, perfumada con aroma literario y torbellinos de palabras dispuestos a transformarse en palabras. La universidad la recibió generosa. Primero en San Ildelfonso, donde estudió la preparatoria. Más tarde, la universidad le abrió las puertas de un edificio ubicado en San Cosme. Seguramente ella observó la perfección de los balcones del antiguo edificio de Mascarones. Atrapó esa belleza seductora de su herraje. Caminó por la Calle de Naranjo para seguir sus huellas literarias y reencontrarse con esa niña que desde pequeña tuvo una certeza: ser poeta.
Tal vez alguna tarde de otoño, mientras pisaba nostálgica las hojas caídas de los árboles, evocaba a la Bella y Airosa, esa ciudad que la vio nacer. Seguramente, mientras se recargaba en un frondoso árbol de esta Alameda de San Cosme recordaba el vuelo centelleante de las palabras que ya giraban en su mente y en su alma. Su vida y sus decisiones se asemejan a las cariátides que adornan ese edificio de Mascarones, donde estudió, leyó, se aproximó a la perfección poética y afinó su alma de poeta bellairosa. Su ayer en Pachuca y su ahora en la Ciudad de México, la niña hidalguense y la joven poeta, marcaron el ritmo de su adolescencia.
La vida estudiantil de Margarita Michelena fue testigo de una década de 1930 donde las mujeres mexicanas se organizaban para ser consideradas ciudadanas y se les permitiera votar. Un momento histórico en donde mujeres como Esperanza Velázquez Bringas, Magdalena Mondragón y Elvira Vargas lograron convertirse en reporteras y cubrir los sucesos noticiosos. Tiempos en que universitarias como Helia Bravo y Luz Vera obtuvieron grados de maestría y doctorado, convirtiéndose en las primeras mexicanas en lograrlo. Margarita Michelena tenía una certeza, ella sería poeta.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.