Sí, además de poeta y periodista, Margarita Michelena se inspiró para crear en otros escenarios, así…
Radio Femenina. En efecto, ella se acercó al micrófono, al sonido y las sintonías. Fue así como empezó a escribir guiones para radio. Michelena produjo el programa “Mundo femenino”, que, de acuerdo con su propia perspectiva, “pretendía ser una tribuna de denuncia para la mujer”.
Traductora. Una decisión que marcó su obra y seguramente su manera de pensar, fue la de traducir la obra de Charles Pierre Baudelaire. En 1971, tradujo por primera vez al español un libro de este pensador, fue Celestin Freinet, la educación por el trabajo. A partir de entonces hubo una gran admiración, que se notó en otras obras que decidió traducir como Las flores del mal y Splen en París, así como en los poemas e ideas que después formaron parte de la obra de la propia Margarita y que delataban su impresión y lealtad hacia Baudelaire.
Publicista. Cabe destacar que durante la década de 1960, un anuncio publicitario empezó a llamar la atención de los auditorios y tiempo después sería considerado como uno de los ejemplos más representativos de la publicidad mexicana por su frase sintética, efectiva e informativa en solamente tres palabras: “Mejor, mejora, mejoral”, considerado como uno de los mejores de la historia de la publicidad en México. La hija de Margarita Michelena afirma con toda seguridad que fue su madre la creadora de dicho eslogan.
Cantante. Nuevamente su hija descubre otra cualidad de Margarita Michelena, cuya voz fue muy privilegiada. En reuniones con sus amistades a veces se animaba y se dejaba escuchar, dominaba todos los géneros pero además memorizaba canciones mexicanas, desde las más populares hasta algunas de cancioneros clásicos o poco conocidas. Los tonos maternos fueron heredados, por eso Andrea Cataño Michelena se ha dedicado al canto además del periodismo.
Otros encantos. En muchas de sus columnas, la hija leal describía con generosidad a su madre: “Era delgada, hiperactiva, dueña de una memoria y una cultura extraordinarias, ávida siempre de conocimiento intelectual por una parte y, por otra, totalmente femenina: leía a Unamuno y tejía suéteres divinos; escribía sonetos quevedianos y preparaba un bacalao extraordinario…y bordaba en petit-point. A ella nada se le dificultaba, con excepción de conducir autos y cambiar pilas”. Tocaba el piano, aprendía griego, sus ojos verdes seguían penetrando el alma de quien la conocía mientras su cigarro en la mano le daba ese aroma de diva poética.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.