La actual generación de mexicanos guarda un mal registro de la catastrófica administración de George Bush jr y de la gasocracia texana en Estados Unidos. Las guerras preventivas para disfrazar una falta de legitimidad de origen, sellada en Tallahassee, Florida, con un gigantesco fraude electoral que marcó su rumbo, fue lo primero.
Las presiones internacionales, derivadas de la nauseabunda Acta Patriótica y la persecución de las ideas nacionalistas –independientemente de la aplicación desfavorable del Consenso de Washington, que solidificó el entreguismo de los gobiernitos mexicanos–, fueron la cereza del pastel. Aquí prendieron, como en ningún lado, los designios del imperio a falta de idea de nación.
Cuando el poder imperial republicano de la Casa Blanca desnudó sus verdaderos objetivos, creció inusitadamente el espacio de opinión, decepcionado con las políticas dictadas desde Washington. La elección de Barack Obama definió el mismo uso, las mismas costumbres. Solo que la mafia texana no estaba del lado de los demócratas.
Sin embargo, todo fue igual. A pesar que la guerra siempre ha sido la opción de las poderosas empresas bélicas fundamentadas en la posesión del petróleo, los ataques a la soberanía nacional se recrudecieron. La expulsión de migrantes tuvo un crecimiento exponencial, lo mismo que las restricciones al comercio, al transporte… y los rudos ataques a la relación bilateral.

Obama, sin el apoyo del aparato bélico

Demócratas y republicanos no son lo mismo, pero son idénticos. La diferencia fue la falta de apoyo de las fuerzas imbíbitas al imperialismo respecto de los demócratas, cuyo presidente afrohawaiano jamás contó con el voto de calidad del macizo bélico y estratégico de los que realmente deciden en Estados Unidos. Obama es un presidente “florero”, impuesto para recoger el tiradero de Bush jr.
En tanto que el nefasto republicano George Bush jr fue respaldado en todo. Hizo y deshizo a su antojo. Claro, su antojo se nutría de decisiones intervencionistas e invasoras ordenadas por Wall Street, el Pentágono y el núcleo de trasnacionales químicas, aeroespaciales, robóticas y financieras que tuvieron un amplio espacio de depredación.
La diferencia fue la gasocracia texana. Punta de lanza del imperio. Obama no tenía su respaldo. Las políticas demócratas fueron en seco. Ningún intento social progresó, desde el fallido Obamacare, hasta cualquier promesa electoral de campaña del afroamericano, sin respaldo político en el Congreso. Así, tenemos 16 años de pesadilla.

Bush: Bin Laden; Obama, ISIS

Los mismos 16 años en que el poder local fue ejercido en México por mentecatos, desconocedores de los intríngulis de la relación bilateral, sin una sola herramienta inteligente para superar los baches y las imposiciones, con un entreguismo demencial, ignorante y de mala memoria para los connacionales.
Ocho años de Bush jr, más ocho de Obama. Todos, presididos por el recuerdo de la imposición de un Tratado de Libre Comercio, en vigor desde 1994, que marcó el parteaguas de la dependencia colonial más feroz que hayamos sufrido los mexicanos en toda nuestra historia de expoliación y vasallaje. Y, claro, también la obligación –por la que el beodo Felipe Calderón se echó un par de cientos de millones de dólares al bolsillo– de la Iniciativa Mérida.
La aparición en escena de un supuesto terrorista islámico, Osama Bin Laden, que resultó socio de la gasocracia texana y de la familia Bush, es idéntica a la aparición del Estado Islámico, protegido e impulsado desde los vientres y cerebros demócratas.
Solo que Osama Bin Laden fue inmediatamente sustituido, cuando se descubrió el juego, por el cándido Saddam Hussein, para enfocar las baterías del armamento republicano contra el Ejército iraquí –llamado por los gringos, ¡el cuarto Ejército del mundo!–, poseedor, según los medios de “la basura blanca”, de armas químicas y arsenal nuclear, devastador y guerrero.
Sadam Hussein, sacrificado sin piedad por los titiriteros del Pentágono, fue utilizado, 10 años antes de su muerte, para atacar sin piedad el territorio iraní. Y luego pagó muy caro los servicios que había prestado, ofreciéndolo al mundo como el culpable de todas las desgracias estadunidenses.

Autoatentado de las Torres Gemelas

La peor: el autoataque, perpetrado por el republicano Bush, a las Torres Gemelas de Nueva York, un acto incalificable de cobardía, efectuado el 11 de septiembre de 2011 y donde murieron una mayoría de migrantes latinos, afros y europeos que prestaban sus servicios en ese lugar.
Todo ha sido demostrado. Desde las confesiones de Dick Cheney, vicepresidente de Bush jr, hasta las declaraciones de George Tenet, exdirector general de la CIA, sobre la demencial alianza de los republicanos con los monopolios energéticos más poderosos del mundo, que instauraron el terrorismo global.
La demagogia amenazante del petimetre Bush jr, al que prodigan bendiciones en nombre de Dios, fue boletinada oficialmente: “Los terroristas continúan complotando contra nosotros, siguen queriendo hacernos daño. Este país no bajará la guardia; no descansaremos hasta que esta amenaza contra la civilización no haya desaparecido”. La amenaza era él.

Querían un tercera Guerra Mundial

Bush llamó al Congreso de su país, controlado por republicanos, a prolongar la vigencia de las anticonstitucionales medidas previstas por el Acta Patriótica, un conjunto de leyes que reforzaba los controles en las fronteras y otorgaba poderes sin límite al gobierno para investigar a cualquier transeúnte o pasajero de avión sospechoso de pertenecer a grupos terroristas.
Al mismo tiempo, blandiendo la amenaza del terror, expresó: “Hay miles de nuestros soldados y tropas de nuestros amigos que persiguen a los terroristas en el mundo. El círculo se cierra alrededor de Al Qaeda. Ya encontramos sus escondites”. Cuando todo mundo sabía que sus escondites estaban en la nómina de accionistas mayoritarios de sus empresas petroquímicas.
‎Las agencias informativas alemanas, francesas e inglesas, encabezadas por DPA, AFP y Reuters, coincidieron en señalar en los cables repartidos por todo el mundo que esa retórica estaba lejos de convencer a “quienes recuerdan bien el escenario apocalíptico de explosiones nucleares, bacterias asesinas y gases venenosos”.
Nunca cupo un milímetro de duda: los monopolios energéticos, la gasocracia texana y el estúpido George Bush jr se encaminaban hacia la tercera Guerra Mundial. Desde luego, con consecuencias de miseria y hambre que dejaron sembradas y florecientes, ante el pasmo de los gobiernitos que no abrieron ni la boca para defenderse.

De pilón, el desmayo de Hillary Clinton

‎Con hipócrita arrepentimiento, hace unos días los jefes republicanos del autoatentado a las Torres Gemelas acudieron a guardar un minuto de silencio a la llamada Zona Cero de Nueva York y expresar sus condolencias a los deudos.
El desvanecimiento de Hillary Clinton, afectada por un hipotiroidismo y antecedentes de coágulos cerebrales, así como de una neumonía declarada, sucedido en ese acto, auguran resultados de pronósticos reservados. La mentalidad de la “basura blanca”, de los Wasp, nunca ha recibido un mayor aliciente para hacerse del poder.
Ha llegado la hora de los hornos. Y estamos más descobijados que un teporocho en Santa Fe. El gobiernito mexicano, impávido, sordo, mudo y parapléjico no sabe ni qué pedo.
Nos esperan horas, días y años imposibles de definir.
Porque peor de lo que nos ha ido… ¡imposible!
¿No cree usted?

Índice Flamígero: Vísperas de la celebración del Día de la Independencia mexicana, pero 475 soldados de diversos grados parecen seguir esclavizados. Son los que construyeron la barda perimetral del que será el nuevo aeropuerto casi casi interplanetario, que digo interplanetario, ¡intergaláctico! de la Ciudad de México. Ese casi medio millar de militares recibieron su DOS (de orden superior) para laborar, aparentemente, sin recibir remuneración salarial alguna en la empresa constructora del yerno de un alto mando castrense. ¿Habrá alguien que dé, ahora, la indicación de manumitirlos? Hace 10 semanas usted leyó aquí el adelanto de la noticia que apenas han difundido oficialmente, luego de una reunión privada entre este peculiar personaje con EPN. Que el llamado Bronco, gobernador de Nuevo León, había sido aman$ado. Que el costosísimo y, al parecer, innecesario Acueducto VI del río Pánuco a Monterrey se construiría. Funcionaron los buenos oficios de Humberto Moreira Valdés, exgobernador de Coahuila, y de Roberto Sandoval, todavía mandatario en Nayarit, como ge$tores de Juan Armando Hinojosa, quien aún da la cara por la constructora presidencial Higa. Habrá bisne para todos ellos. Hoy, significativamente, El Poeta del Nopal nos regala su epigrama titulado “El Grito”: “Se habla de soberanía, / pero el país desfallece, / y hasta el Zócalo parece / patio de comisaría; / puede sonar a herejía / o mal citado refrán / pero buscando hallarán / una etiqueta fulera, / hoy nuestra hermosa bandera / ¡también está hecha en Taiwán!

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