A finales del siglo XIX apareció una novedad tecnológica que cambiaría la vida cotidiana y las actividades industriales: la energía eléctrica. Durante esa época, en Pachuca y Mineral del Monte se tenía una gran actividad en la explotación de las minas de plata que estaban en manos de propietarios mexicanos. La minería es una actividad compleja que requiere de gran cantidad de energía para el accionamiento de maquinaria necesaria para extraer, moler, procesar el mineral extraído del subsuelo y accionar las bombas que extraen el agua subterránea que dificulta el trabajo minero.
Antes de la electricidad, la fuerza de hombres y animales era la principal manera de impulsar, aunque también se trataba de aprovechar las caídas de agua y el viento. Las máquinas de vapor habían aparecido en nuestra región desde 1827 con la compañía inglesa de minas. Ante ese panorama, eran importantes las noticias de los desarrollos de pioneros como Edison con el invento del foco o Nicola Tesla y sus motores, aspectos novedosos que vislumbraban un porvenir diferente y esperanzador.
La iniciativa de organizar una compañía productora de electricidad surgió por parte de José de Landero y Cos, en ese entonces director de la Cía de Real del Monte y Pachuca. Con un grupo de accionistas locales crearon la Cía. de Transmisión Eléctrica de Potencia en el Estado de Hidalgo, siendo este el primer caso en el país de una empresa dedicada exclusivamente a esa actividad. La planta hidroeléctrica se construyó en la barranca de Regla y la línea de transmisión, de cerca de 47 kilómetros, constituyó en su momento un enorme logro tecnológico. Las oficinas y primera subestación se instaló en la antigua iglesia de La Santa Veracruz, en el centro de la ciudad, en la plazuela General Pedro María Anaya, donde muchos años estuvo la escuela Francisco de Siles y ahora aloja dependencias de la presidencia municipal. Las minas y haciendas de beneficio fueron los usuarios. Las ruedas hidráulicas Pelton, los generadores General Electric y demás equipos, se probaron a fines de 1896 y para marzo del año siguiente se regularizó el suministro, hace ya casi 120 años.
La electricidad llegó para la región en un momento muy especial, había ocurrido en diciembre de 1895 una inundación subterránea que paralizó la minería del norte de Pachuca. La situación requirió en su momento la visita del presidente de la República y se envió a una comisión del Instituto Geológico para estudiar y proponer soluciones a la grave situación. El proyecto que se eligió fue la construcción del socavón Girault que partiendo de un costado de la puerta de la hacienda de Loreto, llegó a la zona afectada y ayudó a facilitar el desagüe que podía ser efectuado con el accionamiento de motores eléctricos.
Muy pronto se hizo necesaria mayor cantidad de electricidad, la empresa citada instaló otras dos hidroeléctricas en Huasca, construyó la planta de Cubitos y apareció otra empresa que envió energía desde Juandhó en 1900. Finalmente el gran suministro desde Necaxa que llegó a Pachuca en septiembre de 1910.

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