El pasado 18 de julio se cumplieron 80 años del levantamiento militar contra la segunda República española, mismo que derivó en una guerra civil de casi tres años y una dictadura de más de 36, la de Francisco Franco Bahamonde.
El coste en vidas humanas, durante y después del conflicto y el de bienes materiales fue inmenso. Un millón de muertos, se perdieron las inmensas reservas en oro y plata por la compra de armamento a la URSS que hicieron los republicanos, además se endeudaron ambos bandos dejando al país en la ruina.
El coste en libertades fue terrible y el bando ganador no tuvo piedad con el vencido: cuando no lo aniquiló físicamente lo acabó moralmente. Los que tuvieron más suerte hallaron refugio en países generosos como México o Rusia, que acogió a niñas y niños de la guerra. Francia no, en sus inicios internó a refugiados en campos de concentración situados en playas desoladas y frías donde se malvivía o moría.
La “ejemplar transición española” dio carpetazo al golpe militar, Guerra Civil y Dictadura Franquista. Cuenta nueva que pretendió dejar atrás tan atroz historia y empezar con una democracia que careció de memoria.
España no ha hecho justicia a hombres y mujeres de la República, pese a la Ley de Memoria Histórica emitida por el Parlamento, aunque tardíamente, fue realizada durante el gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Se promulgó en diciembre de 2007, más de 70 años después del golpe de Estado.
Todavía queda mucho por hacer: muchos represaliados siguen enterrados en fosas clandestinas y no han recibido sepultura, sus deudos o no saben dónde están o si lo saben no se les deja sepultarlos; existen símbolos franquistas en la vía pública y algunos edificios; personajes destacados de los ganadores de la Guerra Civil y de la dictadura tienen calles y plazas con sus nombres.
El 80 aniversario del inicio de la contienda era un buen momento para hacer repaso de lo sucedido y reflexionar sobre qué debemos hacer para cerrar con dignidad este penoso capítulo de la historia española. Nada de eso ha sucedido, efeméride tan señalada ha pasado sin pena ni gloria. Tan solo algunos ayuntamientos de izquierda han generado polémica con la propuesta del cambio de nombre de algunas calles: Mola, Yagüe, División Azul, etcétera.
Insuficiente, muy insuficiente para los que llevan tanto tiempo deseando sino la justicia, que ya no les alcanza, sí la paz de sus deudos. En este sentido, cabe considerar positiva la exhumación de un represaliado enterrado en el Valle de los Caídos y su posterior traslado al lugar señalado por la familia para su entierro.
También en el buen sentido señalamos el intento de hallar el lugar en que sepultaron a Federico García Lorca y sus compañeros de viaje, entre ellos un banderillero y un maestro de escuela. Lamentablemente no lograron hallarlos, queda en el misterio el sitio donde reposan sus restos.
Por lo pronto, permítanme hacer en Lorca un homenaje que alcance a todas y todos los que sufrieron tan cruel guerra y dictadura. Lo hago a través de un pequeño pasaje que forma parte de una novela sobre la Guerra Civil española inédita que escribí hace algunos años.

La Luna en el pozo se mira,
la Luna se está mirando;
y el pozo es un ojo negro donde la Luna
se mira.

(Continuará)

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