El 19 de noviembre de 1761, en Cisteil, Yucatán, Jacinto Canek (1730-1761) –sobrenombre que se autoimpuso la víspera del levantamiento–, estaba convencido de que el yugo español no les depararía mejor futuro que el de una “penosa servidumbre” y aprovechó las festividades religiosas del pueblo para incitar a los indígenas mayas a levantarse en contra de las injusticias de los españoles.
Utilizando la corona y el manto de la virgen del pueblo, Canek se coronó rey de los mayas, asegurándoles que no debían temer a las armas de los españoles; si alguno llegaba a morir, él los resucitaría con sus poderes.
Una vez que el pueblo de Cisteil fue tomado por los rebeldes, los principales jefes de los pueblos vecinos se sumaron a la rebelión ofreciendo su respeto y lealtad a Canek, quien se proclamaba como elegido de Dios para liberarlos.
Algo de magia y misticismo se respiraba en la rebelión de Canek; caudillo con aires mesiánicos, se comportaba como un elegido. Los hombres que lo siguieron depositaron su fe –en el más profundo sentido religioso– en Canek, atribuyéndole poderes sobrenaturales y el respaldo de las divinidades para derrotar a los blancos.
Los españoles intentaron sofocar la rebelión con 20 hombres al mando de Tiburcio Cosyaga, de los cuales solo cuatro sobrevivieron a los primeros enfrentamientos con los indígenas.
Las autoridades españolas reforzaron a sus tropas y bajo las órdenes de Cristóbal Calderón, un destacamento de 500 soldados españoles cercó el pueblo de Cisteil. Los rebeldes confiaban en la victoria, por lo que se atrincheraron y resistieron el ataque español.
Convencidos de los poderes sobrenaturales de Canek, los mayas se lanzaron a la batalla seguros de que lograrían derrotar a los españoles. Fue un combate cruel, sangriento y desigual, y aunque los rebeldes se entregaron con la fe de los mártires, no sirvió de nada: murieron 600 indígenas mayas y tan solo 40 españoles. Los poderes sobrenaturales de Canek fueron insuficientes para hacer frente a los cañones y los arcabuces.
Canek logró huir de aquella matanza pero al poco tiempo fue capturado y conducido a Mérida, donde fue sometido a juicio. Aceptó los cargos en su contra por rebelión y actos sacrílegos y le fue dictada sentencia. El 14 de diciembre de 1761, se llevó a cabo el terrible suplicio de Canek, quien fue desmembrado, quemado vivo y sus cenizas arrojadas al viento.
Los pocos rebeldes que sobrevivieron a la pena de muerte fueron condenados a sufrir 200 azotes y la pérdida de la oreja derecha. El pueblo de Cisteil fue incendiado y cubierto de sal “para perpetua memoria de su traición”.

No votes yet.
Please wait...

Comentarios

SHARE
Artículo anteriorIrán 196 delegados del PRI Hidalgo a asamblea nacional: dirigente
Artículo siguienteLupita Islas, ultramaratonista de talla mundial
Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.