Si Dios nos recompensa en la Tierra por las buenas acciones, entonces quizá Satán nos recompense por los actos malvados

Y si he de apelar al riesgo del castigo divino para quemar el último cartucho, la posibilidad de una recompensa diabólica, sirva una escalofriante confesión, resistiendo a la tortura de la cobranza por los malos actos, porque, como el mismo padre de esta novela corta escribió, “te das cuenta de que te hallas en el Infierno de tu propia creación, sin embargo continúas adelante porque no queda otra cosa que puedas hacer”.
Llega un momento en el camino en el que te detienes en medio porque te diste cuenta de que si das el siguiente paso, no habrá oportunidad de retroceder, esta sensación se hace constante en la historia de horror que forjó Stephen King y que fue, como es común en los destinos de su pluma, adaptada al cine.
1922 (Estados Unidos, 2017), dirigida por Zak Hilditch, no tuvo la misma suerte que It, el remake, ambas vieron la luz en el mismo año y casi por las mismas fechas, solo que a la primera le tocó ser parte del universo cinematográfico que no llega a las salas de cine ni tiene que generar expectativa para una premier de lujo. Va más bien con ese cine que, si bien tampoco es independiente ni sufre de carencias presupuestarias, nace de manera exclusiva para alimentar el mercado de las plataformas en Internet, como Netflix, un cine, digamos, de comida rápida.
Aunque esta condición no le quita mérito, tú bien sabes que hay comida rápida muy buena como comida rápida asquerosa, comida rápida muy barata y comida rápida para bolsillos lo bastante holgados, ten la garantía de que 1922 no es un cine de mala fast food, recurre a los fundamentos literarios que la originan para asegurarse de que tú como espectador conserves esa fugitiva sensación: ¡diste el siguiente paso!, el que te llevó al Infierno, uno tuyo, uno que diseñaste a tu medida, no hay marcha atrás ni lugar para el arrepentimiento, ¿a caso Satán será piadoso porque le hiciste los honores?
Como en la historia impresa –1922 es un relato corto que pertenece a la colección literaria de King Todo oscuro sin estrellas (2010)–, el filme asume un ánimo desolador que va de menos a mucho menos, poesía a la lenta descomposición, monumento a la decadencia de paciente y exponencial avance, que aterriza en el destino fatal de una familia.
Zak Hilditch es fiel al respetar la directriz de la novela, un relato en primera persona, la confesión, una confesión no obstante lejana al cinismo, es más bien el desahogo melancólico de un hombre encarcelado en las duras consecuencias de sus actos.
Y es pena, más que horror, porque aunque la cinta es vendida con esa etiqueta al público, las caracterizaciones, las músicas, los sonidos, los visuales, los vestuarios y las locaciones son más aterradores por lo que implican que por cómo lucen. Entonces no se trata de un proyecto del terror típico y letal para el asustadizo, pertenece sí al horror, pero al que persiste por las causas de un momento que no deseas ni al más acérrimo de tus enemigos.
Solo recuerda el irritante sonido del mosquito que taladra tu tímpano para evitar que duermas, ¿listo? Ahora cámbialo por el del chillido de las ratas de cloaca, bien, ya estás listo para viajar en el tiempo, qué tal a 1922.

@lejandroGALINDO
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