El 19 de septiembre es un día emblemático, una jornada para no olvidar en México. La simple razón de ese hecho es que en 1985 y 2017 la naturaleza nos demostró que, como raza y país, somos negligentes, desmemoriados, mezquinos y soberbios. No aprendimos nada. Los muertos se sumaron por miles hace 33 años y por cientos apenas el año pasado, pero la historia fue la misma: muerte, dolor y devastación. Se nos olvidó, o negamos algunos por voracidad económica, que el suelo de la Ciudad de México no está para las pretensiones arquitectónicas tipo Nueva York, por ejemplo. Negamos también la fragilidad humana ante lo impredecible de la fuerza de la naturaleza, nos sentimos “dioses” pero somos de barro y papel.

Muchas emociones encontradas en ese día singular y común. Un minuto de silencio no basta, mucho menos la parafernalia institucional, porque los damnificados no atendidos y sin posibilidad de recuperación seguimos a un año dando vueltas en círculo, ateniéndonos absurdamente a una respuesta, que no es real y menos auténtica, de autoridades que seguramente han agotado muchos de los recursos recaudados en la burocracia antes que en la reconstrucción.

Más que silencio, debemos gritar y movernos, luchar porque las inercias políticamente correctas no prevalezcan por sobre la verdadera solidaridad y organización social. No es cierto que el país cambia con un nuevo líder, la transformación no viene de afuera, viene de nosotros mismos. Y las primeras sacudidas del sismo despertaron algunas conciencias. No todas las que necesitamos para de verdad promover un cambio positivo, pero sí las suficientes para luchar porque no dejemos de trabajar por influir en la construcción de este mundo y la reconstrucción material de nuestro entorno.

En el balance de la acción positiva, los oficialistas y mentirosos dicen y afirman que “los damnificados han recibido todo el apoyo”, lo cierto es que ellos han conseguido a cuenta gotas respuestas lentas, tortuosas y viles de quienes nos gobiernan. Nada se puede esperar de quienes permitieron construcciones irregulares y avariciosas con la mega gentrificación, que polarizó todavía más la ciudad, pero también permitió enriquecimiento descomunal por las múltiples irregularidades en la construcción. No hay manera de negarlo, el 19S de 2017 lo confirma.

Al corte de caja de 1985, podemos decir que si bien se creó un Sistema Nacional de Protección Civil y con él las alarmas sísmicas, por ejemplo, lo triste es que 2017 nos confrontó y nos mostró que el camino al infierno está hecho de buenas intenciones porque nada puede evitar saldos negros si no somos cabales y dejamos de lucrar con la necesidad por una habitación digna y con la sobreexplotación, no solo material sino de la naturaleza misma.

2017 es otro año que duele, pero que también se olvidará de a poco. Iremos perdiendo memoria de la enorme corrupción que se dio con los recursos destinados a la reconstrucción y de los donativos internacionales para ese fin, porque una gran parte se desvió a cuentas personales, otro tanto lo usaron para las recién pasadas elecciones, algo más para la compra de conciencias vía el presupuesto para damnificados. Más sombra que luz en este año. O quizá porque hay más luz se nota más la negrura de algunos humanos.

Lo cierto es que debemos atender y reflexionar sobre esos sismos que también son y deberían ser de conciencia. Mientras los damnificados ya no se preocupan, se ocupan porque nadie más lo hará por ellos. Y eso es una de las grandes enseñanzas.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.