Edgar Manuel Castillo Flores

Coordinador de la licenciatura en ciencia política y administración pública

En su más reciente libro Pensar rápido, pensar despacio Daniel Kahneman, ganador del premio Nobel de economía, menciona que “el cerebro humano necesita mensajes sencillos sobre el triunfo y el fracaso que identifican las causas e ignoran el poder de la suerte. Es todo cuestión de darle sentido al mundo, de la necesidad de creer que es más coherente de lo que es… de la necesidad de creer que el mérito tiene su recompensa”.
El texto, aunque sencillo, nos lleva a reflexionar acerca del momento político, social y económico que atravesó nuestro país durante 2016 y que tuvo un triste final a cuenta del llamado gasolinazo, anunciado recientemente. Este acontecimiento, por donde se vea, es una muy mala noticia que se yuxtapone a otros asuntos de atención urgente por parte de nuestras autoridades.
Veamos por caso la violencia nacional que sigue sin ningún freno, pues cada vez es más difícil para las oficinas de comunicación, vocerías oficiales y medios “chambistas” ocultar la verdad. Así los homicidios, de acuerdo con las cifras oficiales del Inegi, mantienen su índice del sexenio pasado, al registrar para 2016 aproximadamente 20 mil casos, con lo cual en cuatro años se tiene la misma cantidad que de homicidios dolosos que en el mandato de Calderón. Y se dirá eso solo pasa en otros estados, en Hidalgo esto no ocurre, pero a la luz están los cuerpos acribillados que fueron encontrados cerca del bulevar Las Torres o aquellos ejecutados dentro de un taxi en Atotonilco
Por su parte, en 2016, la corrupción siguió siendo un titular indiscutible en la agenda nacional que afecta directamente al aparato público, en especial al ámbito estatal. Los casos de Javier Duarte, Roberto Borge y Guillermo Padrés son vergonzosos pero apenas constituyen una muestra de la voracidad que constituye la buropatología, la cual también tiene su lamentable presencia a nivel local encarnado en casos como el desaparecido Filiberto Hernández o de los funcionarios de Educación Pública local que resultaron imputados por manejos fraudulentos. También este año nos dejó lamentables violaciones a los derechos humanos por parte de las autoridades, siendo el caso de Nochixtlán, Oaxaca, el de mayor vergüenza pública y que hasta la fecha no ha arrojado ningún detenido, lo cual es una muestra más de que la corrupción e impunidad que operan cómodamente en nuestro sistema político por encima del diálogo. La corrupción es líquida fluye a cualquier nivel.
Desde la perspectiva de la economía nacional, según cifras del Banco de México la tasa de crecimiento de 2016 fue de apenas 1.5 por ciento, mientras que la devaluación del peso ha llegado a más de 50 por ciento en los últimos dos años, lo cual tiene un alto costo al gasto público y genera más deuda al estado mexicano. Pero sobretodo esto se reflejó en el PIB del país que en 2015 llegó hasta mil 297 millones de dólares, pero para 2016 se estima que no rebasará él millón de dólares. Y por si fuera poco, la victoria Trump deja panorama de incertidumbre ante las posibles consecuencias.
Y como final digno de una película de Hitchcock, la liberalización en el precio de la gasolina llega como balde de agua fría a la ya mermada economía de las familias mexicanas tirando a la basura la retórica del mensaje de año nuevo de 2015, cuando el titular de Ejecutivo nacional aseguró que gracias a la serie de reformas estructurales que habían propuesto, terminaría el alza en el precio de la gasolina y nuestro México sería mejor. Dos años después sabemos que es una mentira como lo ha sido todo su gobierno, aun cuando salga el titular de Hacienda diciendo que en otros países es más caro, un buen curso de política comparada le haría falta al doctor Meade y también un poco de calle.
Pero de este tipo de medidas y acciones implementadas, el gobierno federal no es el único culpable, qué pasa con el papel de nuestros legisladores, aquellos que deberían defender el interés de sus representados. Parece tan sencillo para sus señorías levantar la mano y aprobar cualquier medida impuesta desde sus instituciones políticas, pese a que estas afectan directamente a quienes representan, aun cuando muchos de ellos hayan regresado su bono de la ignominia o lo hayan encausado hacia el altruismo, es una falacia más. Y esto no es solo a nivel nacional localmente también nuestros legisladores votaron en favor del alza en las tarifas de servicio público, el agua, medida vergonzosa para nuestro estado.
Al parecer 2016 enterró cualquier esperanza y que 2017 nos presentará un estado de crisis, pero todo puede cambiar. Quizá los expertos tengan razón y estemos frente a un escenario de gran incertidumbre. Pero, siempre habrá motivos para darse ánimos para no hundirse en la desesperación. Y no necesariamente con paro general y no consumir gasolina cierto día, sino que en las urnas. Es necesario echar a estos impresentables de las instituciones, que se vayan no les queremos más, que su recompensa sea irse fuera del gobierno. La elección del Estado de México y la elección de 2018 son los instrumentos perfectos para agradecerles que nos abrieron los ojos. “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”, bien lo apuntó Charles Dickens y este cambio está en nuestras manos, que 2017 sea el año del cambio político.

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