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A una semana que acabe un año más, este nos recuerda que aún tenemos mucho por andar en esta segunda década del siglo XXI, época signada por transformaciones trepidantes y por asunción de retos, conductas y expectativas no imaginadas en el siglo XX. La realidad siempre supera la ficción.
En medios de difusión y en estudios sobre comunicación masiva los saltos han sido mortales. Lejos de andar en derechos de uno de los actores vitales de la tríada comunicativa, es decir, los espectadores, el público, se ha dado un paso adelante y dos atrás. De la Ley de Telecomunicaciones en diciembre de 2016, a la contrarreforma de diciembre de 2017, hay mucho que comentar, aprender y reflexionar, porque la posibilidad de que la figura de la defensoría de audiencias realmente fuera portavoz ante los monstruo-emisores, se ha debilitado.
¿Esto es importante? ¿A quién beneficia? ¿A quién perjudica?
En apariencia a nadie, ni en un sentido, ni en otro, porque siempre tenemos “urgencias” de sobrevivencia material y esto de la interpelación a los monstruos monopólicos de los medios de difusión en México es mucho pedir. La vida de la gente de a pie se agota y termina en el día a día y los intersticios que quedan son para evadir, para distraerse, para disfrutar de pequeñas cosas, entre ellas el entretenimiento mediático.
Para los propietarios y directivos de los medios, sea electrónicos o escritos, el problema o preocupación es dar voz y voto a sus “clientes” cautivos, es ofertar diversidad y apoyar su conciencia y capacidad de decisión. ¿Para qué? Si ello perjudicaría sus bolsillos y les implicaría gastos y nuevas estrategias productivas que hoy resuelven a fuerza de fórmulas hechas de entretenimiento y de venta.
A querer o no, la moneda está en el aire: entre el discurso y la realidad, entre la posibilidad y la cómoda inercia, entre las inimaginables telecomunicaciones y los pobres contenidos, entre las figuras vanguardistas y los cancerberos intemporales y anacrónicos. 2017 concluye entre el pudo ser y no es, o no será. Los públicos de medios seguirán siendo defendidos como segmentos menores de edad. Lo que se juega es mucho y es el poder y el dinero. Ahí está la reciente crónica de estos 350 y tantos días en que los derechos de las audiencias se convirtieron en la crónica de una muerte anunciada. Los legisladores demostraron a quiénes sirven y de quién son portavoz. Reiterativo y quizá estéril es recordar la anulación de la fuerza que representaba para el público de medios la autonomía, la existencia y la posibilidad de señalar (que no sancionar, desafortunadamente) los contenidos a través del canal de las defensorías de audiencias.
Leyes, derechos, reformas y contrarreformas, signan el desconocimiento de la fuerza y necesaria conciencia de los receptores de mensajes: el público. Se les amordaza, se les ignora y se les condena al silencio y la enajenación. Se diga lo que se diga, el tiempo pondrá a cada quien en su lugar y la factura seguirá pendiente en una época que se cree y se presume de gran potencialidad, eminentemente comunicativa y de comunicaciones y telecomunicaciones.
En suma, sin derechos y voz de los públicos de medios la democracia es hoy más que nunca una quimera. La urgencia de los medios y de las audiencias es y será caminar en el fortalecimiento de los canales verdaderamente comunicativos que permitan que las audiencias se hagan oír y respetar. Nuevo, o viejo, propósito de este próximo año 2018.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.