+ Edomex, un adelanto de lo que vendrá
+ ¿Alianza de izquierdas, o PAN-PRD?
“¿Cómo ves? ¡Les ganamos!”, se jactaba Enrique Peña Nieto con todo aquel con quien se encontraba (columna “Templo mayor”, diario Reforma, 6 de junio), antes de partir a su extraño y sospechoso viaje a Guatemala, donde se encuentra preso otro pillo priista llamado Javier Duarte.
“Les ganamos”, decía Peña. Pero detrás de esa frase –tan cínica como preocupante–, se encierra lo que realmente fue la elección del domingo pasado en el Estado de México: una vulgar, abierta e impune elección comprada por parte del gobierno federal, con los secretarios de Estado –Miranda, Meade, Osorio Chong, Narro, Nuño, etcétera–, convertidos en agentes compra-votos que ofrecían dinero y obras a cambio del apoyo a Alfredo del Mazo. (En particular, qué pena por José Antonio Meade, hasta hace algunos meses un funcionario respetado, y hoy convertido en matraquero de Los Pinos para fines político-electorales).
¿Que no se compró la elección por parte del PRI en el Edomex? Veamos:
Se calcula que 1.5 millones de personas recibieron apoyo económico del PRI (por diversas vías) para que votaran por ese partido. Por supuesto que no hay un memorándum oficial que diga: “Si usted recibe este dinero, deberá votar por Del Mazo ¡Por supuesto que no! Son pillos, no tontos. Pero sí queda allí el valor entendido del viejo adagio: yo te apoyo, pero me das tu voto.
Pero más allá de esa frase presidencial –burlona, indigna–, de las impugnaciones que por la vía legal hará Morena para reclamar irregularidades electorales –extraña que no hagan lo mismo el PAN y el PRD–, y de la evidente elección comprada en el Edomex, se ubica el fondo de este escenario: la disputa por la presidencia de México en 2018.
El PRI, con el candidato que sea, ya nos enseñó los colmillos y las garras: en 2018 también se intentará comprar la elección bajo la etiqueta de una “elección de Estado”, que en la próxima presidencial cobrará más fuerza y significado que nunca. Ya lo avisaron desde el domingo pasado.
En 2018, con Osorio Chong, Meade, Narro, Nuño o cualquier otro candidato, el PRI buscará remover los viejos lodos salinistas de 1988 y regresar a México a las épocas del fraude electoral, del conteo de votos sospechosos, de la manipulación de cifras, como se está viendo en el Edomex y en Coahuila.
En 2018, sin importarle lastimar a la población; sin tomar en cuenta el innegable debilitamiento de la democracia mexicana y sin considerar el grave retroceso político-electoral que ello conlleva, el PRI regresará a las viejas y permanentes prácticas fraudulentas, ante un INE de palo, ciego, sordo y mudo.
Y todo, por una obsesión: frenar, a cualquier precio, a Andrés Manuel López Obrador.

“Les ganamos…”, dice Peña Nieto
¿Dirá lo mismo en 2018?

El triunfo o la derrota del PRI en 2018 dependerá básicamente, aun con todas sus ilegalidades, trampas y fraudes y por lo visto hasta ahora, de tres factores:
Primero, que AMLO se mantenga muy por encima de sus competidores más cercanos y que, como reflejan las encuestas confiables, le saque al menos 10 puntos de ventaja al segundo lugar. Si AMLO llega con ese colchón a la elección presidencial dentro de un año, tiene el triunfo en la bolsa.
Segundo, que una posible alianza entre el PAN y el PRD con un candidato (a) común (ya anunciada por Anaya y Barrales), le dispute voto a voto a AMLO la presidencia y que, en ese cierre, manden a un tercer lugar insalvable al PRI. Entre AMLO y el candidato aliancista panista-perredista, las apuestas electorales se bifurcarían en esas dos vías y el abanderado priista resultaría irrelevante.
Tercero, que en un lance de humildad personal y de pragmatismo político, las izquierdas se unieran en torno al candidato más fuerte y viable, que no es otro que Andrés Manuel López Obrador. Morena y PRD juntos en el Edomex hubieran arrasado. Bajo esa fórmula podría darse la posibilidad real en 2018, aunque se antoja difícil. AMLO debe reflexionar y ceder en algunas posiciones para asegurar el triunfo con una alianza con el perredismo. Y el PRD debe reconocer que carece de un candidato fuerte –Mancera es un chisguete que apenas roza los siete puntos de preferencias electorales, y Graco y Aureoles ni siquiera pintan en las encuestas–, y aglutinarse en torno a AMLO, en una alianza que resultaría histórica y triunfadora en 2018.

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Estamos a un año de la elección presidencial, muchas cosas pueden pasar –alianzas virtuales, rupturas partidistas, destapes adelantados–, pero una cosa es segura: el PRI ya mostró cómo la peleará en 2018: a comprar votos y a consolidar fraudes electorales. Así lo aprendieron. Así lo practican. Así lo harán. No saben ganar de otra manera.
“Ganamos…”, dice Peña Nieto. No. Ganó el PRI. Y perdió la democracia mexicana.

TW: @_martinmoreno
FB / Martin Moreno

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