Ricardo Raúl Baptista

Exalcalde de Tula

 

*Primero limpiar el cochinero
*Después decidir la ruta a 2018

Tal como se veía venir la avalancha de imponerse como fuera y al precio que fuera, el PRI y sus lacayos se robaron las elecciones del Estado de México y de Coahuila, pasando por encima no de los candidatos de Morena y del PAN –sus más cercanos competidores en esos estados–, sino más bien sobre la voluntad ciudadana, la Constitución, la normalidad democrática como forma de vida, así como de las llamadas instituciones, como las instancias electorales, que solo sirven a los intereses del grupo en el poder.
No perdieron la maestra Delfina Gómez, ni Andrés Manuel López Obrador, ni el panista Guillermo Anaya, ellos ganaron, no nada más en votos, sino en haber logrado el despertar de cientos de miles de ciudadanos que expresaron en las urnas un ¡ya basta, no más PRI! No más corrupción, no más saqueo de los recursos públicos, no más inseguridad, no más pobreza, no más impunidad y por ello salieron a votar masivamente, sin miedo, libremente a pesar de toda la guerra sucia y el aparato corruptor del dinero público, privado o de otro origen y del uso indiscriminado e ilegal de los programas sociales. “Ganaron” porque existe un árbitro vendido y por la manipulación mediática de los poderes fácticos.
En el Estado de México puede apreciarse ese voto honesto y útil para la maestra texcocana, tan solo el IEEM le reconoce un millón 879 mil 425 votos (30.91 por ciento), contra 2 millones 48 mil 325 votos (33.69 por ciento) del títere Del Mazo; este resultado tiene muchas lecturas: en primera instancia Morena obtiene ese alto resultado ¡sin comprar un solo voto! En segundo lugar, el tricolor tiene una caída estrepitosa al perder más de un millón de votos en relación a la elección de 2011 con Eruviel Ávila, actual gobernador priista, mientras y de acuerdo con lo estimado por Horacio Duarte –quien es coordinador de campaña de los morenistas–, la mitad de los votos priistas fueron comprados con los cientos de millones de pesos ilegales que rebasaron por mucho el tope de gastos de campaña.
Qué beneficios tiene un país como México, donde las peores prácticas se usan para retener el poder a fuerza “…haiga sido como haiga sido…” como dijo el nefasto Felipe Calderón en 2006; o un gobierno como el de Peña Nieto corrupto y rechazado por casi 90 por ciento de la ciudadanía, que compró la presidencia de la República en 2012 –también avalado por el INE y los poderes fácticos–, que impuso sus reformas estructurales con el apoyo del PAN y PRD con resultados desastrosos conocidos por todos; un presidente ignorante, usado como trapeador por Donald Trump y quien pretende disfrazarse de defensor de la democracia exigiéndole a Venezuela lo que en nuestro país no es capaz de defender: la democracia y el respeto a sus ciudadanos, donde siguen registrándose miles de muertos, desaparecidos, violación a los derechos humanos, asesinatos de comunicadores, persecución política y criminalización de la protesta social.
Qué gana nuestra querida patria con gobernantes de quinta como las ratas del tabasqueño Andres Granier, los quintanarroenses Mario Villanueva y Roberto Borge, los dos Duarte, Javier el de Veracruz y César el de Chihuahua, los tamaulipecos Tomas Yarrington y Eugenio Hernández, Humberto y Rubén Moreira de Coahuila, Ángel Aguirre de Guerrero, Gabino Cué de Oaxaca, Guillermo Padrés de Sonora y muchos otros deshonestos gobernadores que hoy están en el poder, así como líderes partidarios e igual que centenas de senadores, diputados federales y locales, presidentes municipales, que arrasan con las arcas del dinero público, quienes son buenos para los moches de los recursos federales y que con empresas afines hacen y encarecen la obra pública.
Esos finos personajes son los que avalan, aplauden y se hacen cómplices del monumental fraude electoral del 4 de junio, pueden arrebatar momentáneamente el poder, pero esto no traerá la mejora económica de los ciudadanos, ni va a terminar con la pobreza ni la desigualdad, menos con las raterías; todos ellos son parte de esa clase política que solo ve por ellos y sus intereses, pero no hay mal que dure 100 años.
La campaña distractora ahora es decir que AMLO es el culpable de que la izquierda no ganara en el estado más poblado del país, que ya no hará alianzas más que con el PT, que él es su propio enemigo, que la alianza en 2018 que salvará a México es la del PAN-PRD, esto por supuesto que pronto habrá de empezarse a decidir. Por ahora lo que importa es desenmascarar la elección de Estado que se dio en contra de los ciudadanos.

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