El año 1968 parece muy lejano y sin embargo sigue estando tan cerca, luego que una nueva tragedia ensombreciera la vida pública de nuestro país. Y no me refiero solamente a los temblores, sino principalmente a las acciones emprendidas por la clase política de nuestro país, a su falta de solidaridad, a su interés monetario y a su prepotencia y arrogancia.
Los grandes acontecimientos sociales ocurridos en nuestro país durante el siglo pasado y lo que llevamos del actual, han estado nítidamente marcados por la resistencia civil de la población, por librarse del autoritarismo y por los intentos de organización independiente. Cada uno de ellos han procurado avances democráticos, pero aún no han sido lo suficientemente fuertes y persistentes como para lograr una profunda transformación política del país. Me referiré especialmente a cuatro de ellos, empezando por el movimiento estudiantil que hace 49 años cimbrara las estructuras de dominación anquilosadas, luego de cerca de 50 años de haberse consolidado en el poder la estructura de dominación política que hasta hoy subsiste. Recordemos que en este 2017 se conmemoraron los 100 años de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que aún nos rige, y que ha dado para una continuidad de casi otros 50 años a partir de 1968, del mismo sistema de dominación que padecemos.
Recuerdo la virulencia con la que desde el poder presidencial, desde la televisión, desde la radio, los diarios de todo el país y cuanto medio de difusión existiera, se condenó a dicho movimiento, como dirigido por anarquistas, vendepatrias, comunistas al servicio de la URSS, y se justificó una masacre que hasta hoy no puede dar un recuento del número de asesinatos cometidos al amparo de la defensa del “sagrado principio de la autoridad”, que pregonaba el multiasesino Gustavo Díaz Ordaz.
Hoy día no he visto a ningún historiador serio que no haya condenado la barbarie con la que el gobierno, y todo el Estado mexicano, decidieron terminar con dicha protesta. De ese movimiento surgieron muchos y diversos organismos, que promovieron de muy diferentes formas avances en cuanto a la defensa de las libertades democráticas y la lucha por lograr el respeto a conquistas sociales conseguidas en la etapa revolucionaria de inicios del siglo XX.
En 1985, un sismo mucho más destructor que el de este año, dio pie a una demostración de la ineficacia del Estado mexicano, encabezado en ese entonces por Miguel de la Madrid, por un lado, y del enorme nivel de solidaridad que mostró el pueblo de la capital del país para paliar la enorme desgracia que se ensañó con miles de capitalinos. Hasta hoy no se tienen cifras confiables del número de víctimas fatales de aquella tragedia, pues se habla de que la cifra puede oscilar entre 10 mil y 40 mil. Desde ese entonces el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no ha podido, a pesar de todas su argucias, volver a ganar una elección en la capital luego del enorme descrédito que obtuvo por su reprobable comportamiento para con tantas víctimas. Lástima que el Partido de la Revolución Democrática (PRD), heredero de ese coraje contra el poder priista, haya tirado en el basurero toda esa indignación que aún perdura.
En las elecciones presidenciales de 1988, a tres años de ocurrido el devastador sismo en el entonces Distrito Federal, fue necesario un enorme operativo de fraude para evitar que Cuauhtémoc Cárdenas fuese declarado como el legítimo ganador de dicha contienda. Lograron imponer con el fraude, la represión, la amenaza de intervención militar a un individuo que ha sido juzgado por amplios sectores de la población como uno de los más grandes depredadores de las riquezas de nuestro país, Carlos Salinas de Gortari. Las enormes movilizaciones de protesta contra ese enorme fraude fueron bajo represión y amenazas constantes, contenidas para dar paso a la imposición.
Tanto fue el desgaste del aparato de gobierno, que tuvieron que pasar los sucesos del levantamiento zapatista en Chiapas y los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, para que el gobierno de Zedillo tuviese que pactar “una salida negociada” con el Partido Acción Nacional (PAN), para cederle el control del gobierno a Fox primero y a Calderón después, con prácticamente ningún avance claro en la democratización del aparato de control y represión que hasta hoy sigue vigente. Perdieron el control del crimen organizado y el retorno del PRI a través del títere Peña Nieto no logró darle estabilidad política y económica al país, y estamos terminando este sexenio con la convicción clara de todo lo que los mexicanos hemos perdido en estos cinco últimos años, y en medio de la peor crisis social de que se tenga memoria en los últimos años.
¿Qué sucederá el año próximo en las elecciones presidenciales? Nadie puede vaticinarlo con certeza. Los sismos recientes han venido a remover muchas de las causas que nuestro pueblo tiene para estar inconforme, enardecido en muchos sitios, harto de estos ladrones y asesinos que se ostentan como políticos profesionales, pero que con sus acciones últimas, han venido a confirmar que necesitamos deshacernos de todos ellos, y darle otro rumbo a este, nuestro sufrido y saqueado país.
El año próximo se cumplirán 50 años de la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco, tal vez sea el momento adecuado de conmemorarlos de una forma muy distinta.

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Integrante de la generación estudiantil 1968-1972 en el IPN. Formado en la izquierda crítica del trotskismo. Defensor de la interpretación científica del mundo, profesor de matemáticas y admirador del arte creado por la naturaleza.