Renovarse o morir, nos dice el viejo adagio, e Incubus se ha vuelto especialista en seguir esta instrucción. Así, tras seis años sin álbum nuevo y varios cambios trascendentales en su carrera, la banda de Calabasas, California, regresa con un intenso replanteamiento titulado simple y sencillamente 8.
Pero primero recapitulemos. Incubus es de esas pocas bandas que ha sabido mantenerse vigente en el gusto del público gracias a que ha mantenido la energía de sus inicios combinada con diversos giros de tuerca, como es el caso de If not now, when? (2011), probablemente su álbum más pop, así también Trust fall (side A) (2015), EP que representa el nuevo planteamiento de la banda que hoy culmina con su octavo material de estudio.
Así, y retomando lo anterior, 8 es la culminación de diversos acontecimientos para Incubus, especialmente el cambio de la disquera Epic Records a Def Jam, los proyectos en solitario de sus miembros y la búsqueda de un sonido que conecte con las nuevas generaciones.
Para ello, la agrupación comandada por Brandon Boyd recurrió a su estrategia más arriesgada: tomar como productor al DJ Skrillex, lo cual dejó a más de uno pegando el grito en el cielo. No obstante, el pinchadiscos saca la casta por la banda y la guía en la dirección correcta, mostrando una faceta más dinámica y enérgica de un conjunto que en sus últimas fechas optaba más por lo alternativo que por el rock.
En consecuencia, tenemos una vuelta al rock de álbumes como S.C.I.E.N.C.E, Make yourself o Morning view, pero con un toque pop que le pone picante al asunto. Podemos percatarnos de ello tras los primeros acordes de “Nimble bastard”, primer sencillo de 8, una crítica ácida a la presente generación del “haga poco pero gane mucho” y que pone en su lugar a otras agrupaciones contemporáneas que se perdieron en el camino (cof, cof, Linkin Park, cof, cof).
“No fun”, por su parte, es una oda para el adolescente valemadres que llevamos dentro, solo que ahora tiene que aguantarse en una pinche y deslúcida oficina. Quizá un llamado para recordar nuestra verdadera esencia tras ese rostro arrugado, culero y con la única ilusión de que sea viernes. Por otro lado, “State of the art” exhibe que Boyd y compañía todavía pueden hacer temas tranquilos pero que nos hagan estallar el cerebro, como aquel primer beso que actúa como la más potente de las drogas.
Finalmente, “Undefeated” muestra que a pesar de todas las conspiraciones del Universo (maldito seas, Coelho) uno siempre puede levantarse invencible, imbatible, con el corazón aún con ganas de latir. Maestros.
Así las cosas, 8 es un interesante replanteamiento de una banda que por más de 26 años ha tratado de hacer de su música un gran catálogo de emociones. Si bien esta nueva faceta puede chocar con los fans más apegados a los orígenes de Incubus, lo cierto es que este octavo disco se defiende con muchas armas al tiempo que es una agradable opción para las y los adolescentes que quieren acercarse al rock. Al fin y al cabo, si uno voltea el ocho se convierte en el infinito.

@Lucasvselmundo
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