Esta semana la Universidad Nacional Autónoma de México cumple 110 años de existencia. La misma donde estudié en 1981 la licenciatura, en 1996 la maestría y en 1999 el doctorado. La misma donde encontré a mujeres admirables.

Rosario Castellanos. Fue una de las pioneras en plantear la problemática femenina en el ámbito universitario de México. En 1950 presentó su tesis titulada Sobre cultura femenina, y en su examen profesional defendió con ironía y de manera sagaz sus argumentos. Señalaba una falta de identidad femenina y una ausencia de imágenes positivas pues la sociedad se encargaba de reiterar aspectos negativos: debilidad, torpeza e incapacidad intelectual. Indicaba que por tradición se estaba subyugado más no por destino.

Florence Toussaint. Mi madre académica, que me heredó la pasión de explorar las hemerotecas en busca de periódicos del pasado para recuperar nombres de periodistas del ayer. Recuerdo su sonrisa cuando decidió asesorarme en mis tesis de licenciatura, maestría y doctorado sobre la presencia de las mujeres en la historia de la prensa. Su libro, Escenario de la prensa en el porfiriato es una cátedra de la época de oro del periodismo mexicano. Ella me enseñó a conjugar tres verbos básicos en la descripción de los periódicos: recuperar, reconstruir e interpretar.

Lourdes Romero. Juntas escribimos un texto sobre los estudios de periodismo en México y me invitó a colaborar en algunos libros que coordinó. Siempre convencida de que el periodismo es una construcción de la realidad y que todo periodista informa desde una subjetividad de buena fe, me inscribí en sus seminarios y disfruté cenas memorables en su casa.

Susana González Reyna. Mi asesora principal en la tesis de doctorado, quien con paciencia escuchó mis avances de capítulos, la misma que con su manual de redacción e investigación documental me apasionó por la exposición, la descripción, la narración y la argumentación. Hoy acompañándola en la aventura de escribir textos sobre el periodismo del siglo XXI.

Graciela Hierro. Representa a otra filósofa que abrió camino en la vida académica que por medio de sus investigaciones propuso una ética feminista, ya que esa permitirá una toma de conciencia de las condiciones de opresión que se viven y que impiden ser libres, dignas e inteligentes. Aseveró que una mujer que cree en ella misma puede transformar su situación, por lo que la lucha feminista dará pauta a un cambio, ya que a través de sus estudios empieza a demostrarse que las mujeres son oprimidas no por cuestiones biológicas, sino que todo es producto del condicionamiento social.

Marcela Lagarde. Los cautiverios de las mujeres (1991), aporta categorías básicas para analizar a profundidad la subjetividad femenina y la manera en que la sociedad logra cautivarlas. Es así como crea la categoría cautiverio, “una categoría antropológica que sintetiza el hecho cultual que define el estado de las mujeres en el mundo patriarcal: se concreta políticamente en la relación específica de las mujeres con el poder y se caracteriza por la privación de la libertad.”

La antropóloga afirma que las mujeres están cautivadas porque han sido privadas de autonomía, de independencia para vivir, del gobierno sobre sí mismas, de la posibilidad de escoger, y la posibilidad de decidir.

Comentarios