Bien dice el alcalde de Tlahuelilpan Juan Pedro Cruz Frías que el luto en ese municipio persiste y que el dolor no se ha ido, aunque cada día buscan regresar a sus vidas cotidianas tras la tragedia ocurrida en la localidad San Primitivo el pasado 18 de enero, hace ya casi cuatro meses. El daño que provocó la explosión de una toma clandestina no solo se reduce a las 137 personas fallecidas, pues las heridas persisten y su cicatrización llevará tiempo. Uno de los grandes retos para el municipio y el estado de Hidalgo es definir de qué manera serán apoyados los 71 infantes que quedaron en la orfandad y qué estrategia echarán a andar para impulsar a las familias afectadas, a las que perdieron a alguno de sus miembros y sobre todo a las viudas, cuyas vidas cambiaron totalmente en apenas unas horas. El propio municipio hoy lucha para superar la imagen de pueblo huachicolero que tanto utilizaron medios y personas que ignoran el contexto en que sucedieron los hechos. Busca reinventarse, reactivar su economía y buscar una vocación productiva para que sus habitantes salgan adelante. De ese tamaño es el reto que enfrenta el alcalde Cruz Frías y quienes han decidido establecerse en ese municipio ubicado en el árido Valle del Mezquital. A casi cuatro meses de ese fatídico 18 de enero, las facturas siguen llegando y lo importante es que el pueblo de Tlahuelilpan y municipios circunvecinos siguen de pie, buscando regresar a la normalidad. Van a tardar, pero seguro saldrán adelante. De filón. Y mientras en Tlahuelilpan sus habitantes se reinventan tras la tragedia, el robo de hidrocarburo en la entidad sigue siendo el ilícitio más cometido de los delitos del fuero federal. Es decir, el plan antihuachicol del presidente Andrés Manuel López Obrador y del gobierno del estado le han hecho lo que el viento a Juárez.

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