Y llegó a México el gran revolucionario bolivariano Evo Morales Ayma, quien fungió como presidente de su país durante prácticamente 14 años. Periodos convulsos en los que logró grandes avances para Bolivia, posicionándola frente a otros países latinos y ante el mundo entero que por años miraban al país boliviano como un espacio geográfico en el que los indígenas quechuas, aymaras, guaraníes, tapiete, murima, solo por mencionar algunas de las 36 etnias existentes en Bolivia, viven en el corazón del cono sur. Evo Morales logró mejorar en demasía su país, cuyo nombre, Bolivia, se relaciona con el gran padre de los pueblos Simón Bolívar, y al igual que el Libertador pasará a los anales de la historia como gran benefactor de su patria. El pasado 20 de octubre hubo elecciones en las que ganó nuevamente Evo Morales Ayma y con este triunfo otra vez los indígenas tuvieron de regreso a la presidencia a un líder que los guiara y procurara, un guía en constante comunión con ellos. Aquel 2006 surgía; no se olvidaba cuando un indígena conquistó la presidencia de Bolivia y que ininterrumpidamente triunfaba en cada elección gracias al apoyo de los bolivianos. Sin embargo, tras un golpe de Estado, Evo Morales en un gesto de gran humanidad y analizando que todo lo logrado durante años se destruiría en la redada, prefirió renunciar a la presidencia.

Lógicamente su vida corría peligro, como corre peligro la vida de todo activista social que trata de mejorar al mundo, la de Evo no es la excepción, sin embargo, ¿qué hacer?, ¿a dónde ir? Para su fortuna, aquella que marca la vida de todo hombre, según Nicolás Maquiavelo, México le ofreció asilo político tomando la estafeta de aquellos años en los que nuestro país era un oasis en medio de catástrofes, un rincón de tranquilidad en un mundo convulso y vil. Después de los agravios insolentes que llegara a hacerle Vicente Fox al gran revolucionario Fidel Castro con su frase “comes y te vas”, México perdió gran protagonismo en Latinoamérica como el gran hermano, el modelo a seguir y en un chasquido por culpa de las políticas neoliberales de Fox, Calderón y Peña Nieto, la buena vecindad con América Latina se había vuelto ríspida, difícil e incluso nula.

Pero tras la llegada de un líder de izquierda a la presidencia de México y con un gran bagaje cultural y estudio de la historia, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) conoce la necesidad de estar en comunión con Latinoamérica y la buena vecindad que por años se había tenido con los países del cono sur. Será por ello que sin dilación y emulando, por supuesto, al gran Lázaro Cárdenas que refugió tanto a españoles que huían del fascismo franquista como al líder revolucionario León Trotsky, sin pensarlo más pidió al canciller Marcelo Ebrard que sin dilación se rescatara a Evo Morales del golpe de Estado que aqueja a su natal Bolivia.

Y como lo ha reiterado en varias ocasiones nuestro presidente: “La cosa es simple, hay que ser como Lázaro Cárdenas en lo social, como Benito Juárez en lo político y emular una honestidad y principios democráticos como Francisco I Madero”. Por decirlo en un lenguaje castizo “ni tarde ni perezoso” se fue a Bolivia por Evo Morales. ¿Acaso no es lo que hubiera hecho en su momento Lázaro Cárdenas? ¡Claro!, y seguramente no solo eso, sino que trataría de formar un bloque socialista con los países del sur para contrarrestar la hegemonía norteamericana en la región.

Lázaro Cárdenas fue un presidente popular, de temple suave, pacífico y moderado, tan silencioso y ajeno a la retórica que lo apodaban la Esfinge, en la década de 1930 repartió 18 millones de hectáreas entre un millón de campesinos. Cárdenas fue un constructor interesado en los detalles prácticos, quiso que los campesinos llegaran a ser autónomos y prósperos mediante la organización ejidal colectiva o a través de la pequeña propiedad, ambas apoyadas por la banca oficial.

Obrador se manifiesta como un gobernante popular de temple rudo, combativo y apasionado, orador incendiario, su vía para emular a Cárdenas consistió en ofrecer, cuando fue jefe de gobierno de la Ciudad de México, un abanico de provisiones gratuitas, entre ellas el reparto de vales intercambiables por alimentos, equivalentes a 700 pesos mensuales, a todas las personas mayores de 70 años. Ahora que es presidente de México es lógico que para seguir los pasos del Tata Cárdenas es menester repartir ayudas humanitarias, así como becas a las futuras generaciones de mexicanos y, por supuesto, dar cabida en el territorio nacional a todo combatiente de izquierda que esté contra el capitalismo rampante y vil, tal como Evo Morales lo ha jurado una y otra vez. Obviamente, la oposición no aceptó esta decisión, sobre todo los panistas que representan a la derecha antisocialista y anticomunista, era de esperarse que verían como una transgresión a la soberanía incluso a la misma austeridad que presume el gobierno de AMLO el que se le dé refugio a un líder de izquierda, como lo es Evo Morales Ayma. Nada nuevo, las rencillas entre ambos conceptos políticos, incluso de forma de vida, son disímbolos, antagónicos. ¡Jamás! Aceptaría alguien que comulga con la derecha el tener relaciones con países comunistas, mucho menos tender puentes de solidaridad, esto es inaceptable. Que lástima y tristeza me dan los burgueses de derecha, pues para fortuna de México nos regimos en un gobierno de izquierda que durará cinco años más y después si la ciudadanía lo demanda, quizá se perdure este modelo político en el país, recordemos: “El pueblo quita y el pueblo pone”. Bienvenido hermano Evo Morales Ayma, la revolución sigue su lucha. ¡Venceremos! ¿Tú lo crees?… yo también.

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