En medio de las vicisitudes, a través de diferentes épocas y territorios del mundo, las universidades han pervivido a pesar de imperios, repúblicas, gobiernos y guerras, porque han logrado convertirse en parte esencial de toda sociedad, evolucionando para bien con ella y llevando hacia la modernidad a sus sociedades a pesar de sus gobiernos.

En efecto, después de siglos y siglos a lo largo de la historia, las universidades son esenciales para la humanidad por sus beneficios concretos al ser humano y han tenido que protegerse frente a las indebidas intervenciones del poder, para defender su autonomía del gobierno en pro de la libertad académica de sus miembros, la autorregulación de sus asuntos institucionales y su derecho a recibir recursos públicos que las universidades devuelven con creces a la sociedad, en forma de bienes públicos en beneficio de las personas y la sociedad en general.

Por ello, las universidades han tenido que soslayar la voluntad de monarcas caprichosos y convivir con regímenes despóticos, políticas mal concebidas, además de aplicadas arbitrariamente dirigidas hacia su aniquilamiento por iletrados, y soportar ciclos de extrema pobreza, entre otros avatares.

Por otro lado, Adolfo Pontigo Loyola, rector de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), y el presidente del Patronato Universitario Gerardo Sosa Castelán han ejercido un liderazgo valiente y constructivo en la defensa de la autonomía, cuyo logro fue el amparo contra el decreto 228 que el Congreso del estado de Hidalgo expidió, mismo que buscaba vulnerar la autonomía, a través de la designación de un contralor interno y la reforma a su ley orgánica.

Pero pareciera que el gobierno insiste en llevar a cabo el proyecto de aniquilamiento de la autonomía y también, por su lado, en días recientes en la Cámara local, por medio de la presidenta de la junta de gobierno del Congreso de Hidalgo Luisa Pérez, quien paradójicamente y de forma profundamente antidemocrática interpuso un recurso de revisión del amparo otorgado a la UAEH sin informar a las fracciones parlamentarias; quizá las reacciones de algunos políticos oficialistas tras la derrota de sus imposiciones nos recuerden las palabras de Bertolt Brecht, quien escribió sobre la intolerancia de los legisladores en el poder. Con ironía, Brecht les preguntó si ante el vasto rechazo que cosechaban del pueblo, no convenía más que su partido eligiera a otro pueblo…

Por lo que una vez más, como en otros momentos de su historia, la universidad tendrá que sortear, acompañada como ha sido a través de los siglos del clamor de la sociedad, siempre solidaria con ella, en las turbulencias del entorno en que se desenvuelve. Finalmente, la sociedad esperaría una dosis de sinceridad y congruencia de los líderes políticos de no a la intolerancia como regla, y que si fueran fieles a su misión, deberían decir públicamente la verdad al poder sobre tal iniciativa en perjuicio de la autonomía, con perjudiciales efectos para nuestra sociedad y, desde luego, para la educación superior.

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