¿A la pobreza en Hidalgo se le combate con Policía?

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Guadalupe Orona

Guadalupe Orona Urías
Dirigente estatal del movimiento antorchista

Recientemente se han dado a conocer las nuevas cifras de pobreza en México, las oficiales, del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), según las cuales, entre 2012 y 2016 la pobreza solo varió de 53.3 millones a 53.4 millones, es decir, con base en dichas cifras únicamente se incrementó en 100 mil, cantidad que, de acuerdo con otros estudios y estudiosos de la materia, no está reflejando la verdadera situación de la población mexicana. Pero aún aceptándolas así, tal como las da a conocer el Coneval, son muchos millones de mexicanos que no pueden acceder a vivir como verdaderos seres humanos, y aunque algunas de las metodologías empleadas ayuden a ocultar la cruel realidad y se sigan usando eufemismos para mostrarla menos inhumana; la verdad ahí está, se nos aparece, aunque queramos cerrar los ojos, en cada rostro, en cada calle de una colonia popular, en cada campesino u obrero, en cada niño enfermo o con hambre. Aunque la maquillen en las cifras y en los discursos; aunque se pretenda enterrarla con “reformas”, con “proyectos de ley” o con la ley del garrote, la pobreza es cada vez más y más lacerante.
¿Qué mente sana puede vanagloriarse, por ejemplo, de que Hidalgo siga estando entre los 10 estados con más pobreza en el país? ¿Quién puede festejar que un millón 478 mil hidalguenses viven en la pobreza, y que 2 millones 106 no cuenten con seguridad social? O bien, que existan alrededor de 700 mil hidalguenses que tengan, como le llaman elegantemente “carencia por acceso a la alimentación”, es decir, que se están muriendo de hambre.
A este respecto, en relación con estas cifras, ¿qué nos informará el señor gobernador Omar Fayad Meneses en su primer Informe de Gobierno? Tendremos que esperar a conocer las cifras reales o maquilladas que al respecto se nos puedan dar, pero quienes vivimos día a día la situación de esos millones de hidalguenses en la pobreza, podemos adelantar que para ellos no hay ningún cambio, su situación está igual y en muchos casos peor. Pero no sólo eso; ahora a los que salimos a decirle al gobierno que atienda las necesidades básicas de la población se nos llama extorsionadores, chantajistas, etcétera; se nos persigue, encarcela y se usa a la Policía y su tolete para golpear a los campesinos que demandan apoyos para el campo, a los estudiantes que solicitan becas y subsidios para sus albergues, a los colonos que piden hospitales, agua potable o escuelas para sus hijos, etcétera.
Podrán llamarnos como gusten, colocarnos los epítetos más de su gusto, pagar todas las campañas negras que quieran (que para eso también tienen y usan a sus anchas el presupuesto público), pero aún con todo ello no podrán desterrar la pobreza en el estado, no podrán eliminar ese peligroso sentimiento de frustración y rabia contenida en el alma de esos casi dos millones y medio de hidalguenses sumidos en la miseria; tampoco podrán evitar que sigan buscando una opción, una alternativa viable a sus problemas, tanto los organizados en el movimiento antorchista como los que aún no lo están. Porque lo cierto es que ahora niegan solución a las demandas de los hidalguenses organizados en nuestras filas, pero tampoco ofrecen nada al resto de la población; tampoco se le resuelve.
Pero además, los señores del gobierno, principalmente el señor secretario de Gobierno, quien ha sido el encargado de salir a escena a llamarnos todo eso que señalé renglones arriba y a denostarnos con todos los adjetivos ofensivos que le vienen a la mente, no se ha tomado la molestia, ni él ni sus voceros, de comprobar una sola de sus injurias y, obviamente, no lo podrá hacer, porque son precisamente eso, injurias y falacias. Pero también a este señor se le olvida que, por ley, tenemos derecho de ser atendidos respetuosamente y, sobre todo, que sean resueltas las demandas de agua potable, caminos, electrificación, escuelas, hospitales, vivienda, etcétera, que solicitamos; hasta hoy solo prepotencia y soberbia, además de golpes y cárcel hemos recibido; así que esa declaración de que con Antorcha existe “diálogo” es una mentira más: ni diálogo ni soluciones, solo agresiones hasta el día de hoy, como ha sido el tomar como rehenes a antorchistas destacados, a vehículos propiedad de empresas privadas de transporte público que se atrevieron a trasladar a los contingentes antorchistas; a los estudiantes humildes de los albergues estudiantiles, que ahora, por capricho del señor secretario de gobierno, no están recibiendo el subsidio para pagar las rentas y servicios de sus inmuebles, o de los profesores de distintas instituciones educativas que, solo porque lo manda don Simón, tienen meses sin recibir su salario por un trabajo ya devengado.
Por tal motivo y haciendo uso de nuestro derecho constitucional de petición y libre manifestación, mañana nuevamente, y en miles, saldremos a las calles de Pachuca a exigir atención y solución al pliego petitorio de mil comunidades ubicadas en 60 municipios hidalguenses, y esperamos encontrar en el señor gobernador de Hidalgo a una gente con el interés verdadero de reencausar las cosas por el bien de sus gobernados, y que no pase Hidalgo a la historia como el estado donde mayormente se cristaliza la soberbia oficial y el afán represivo.

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