Los últimos días de Gilda es un texto del dramaturgo brasileño Rodrigo de Roure. Podría escribir sobre su capacidad para extraer poesía de la degradación humana como quien exprime las últimas gotas de un limón reseco en una especie de fe cotidiana en un fruto perdido. Podría escribir sobre la dirección apasionada de Harumi Macías que pone a Gilda en confrontación consigo misma en un Universo tan solitario o sobre la actuación de Danna Yáñez que parte de su percepción tan sensible del mundo, del amor y de lo femenino. Podría escribir sobre la música de Diego Venegas que, como Gilda en su cocina, se puso a experimentar con notas y tesituras para componer el compás de sus últimos días. O, quien sabe, escribir sobre la iluminación de Juan Carlos Ledesma, que tejió el velo que cubre y revela a esta mujer que mata cerdos y gallinas para sobrevivir. O tal vez hablar de la escenografía de Miguel Sánchez de Bernardo, que a cada ensayo realizaba dibujos en su libreta como un niño incansable trazando mundos posibles en paredes olvidadas. Podría escribir incluso sobre el proceso de traducción del texto que me llevó a cuestionar expresiones y silencios en portugués, español y “portuñol”. Pero no. No escribiré sobre nada de eso.

Los últimos días de Gilda es un texto que, entre otras cosas, habla sobre el encierro de una mujer amenazada por sus vecinas que le esperan “con las camisas arremangadas” y deseos de venganza por diferentes razones. Sus razones. Al grano: la mujer contra la mujer.

En un siglo donde la violencia contra nosotras asume proporciones que cuestionan el concepto de humanidad, es un hecho que el terror nos une en un mismo grito de protesta, ya sea por una auténtica compasión o por el miedo a ser la próxima víctima. O ambas cosas.

Sororidad, término cuyo origen latino soror significa “hermana”, se refiere a la solidaridad y a la coexistencia entre mujeres basada en la empatía y en el apoyo mutuo que sería capaz de sostenernos en la resistencia contra los límites impuestos por el patriarcado.

Sin embargo, es importante comprender la sororidad como un proceso porque antes de fortalecer el vínculo que propone, tenemos que reconocer que también lo debilitamos. Diariamente y a la sombra de cosas “insignificantes” también nos callamos, nos encerramos y nos matamos entre nosotras. ¿Quién nos enseñó o cuándo aprendimos a sentirnos amenazadas por otra mujer? O, más bien, ¿cuándo comenzamos a compararnos y dejamos de reconocernos? Dice Gilda: “Ya ni me miro más en el espejo para ver quién soy. No es que haya dejado las cosas de la vanidad, es de otra cosa que estoy hablando y no vale la pena extender”. Evadimos esa mirada en el espejo de la coexistencia porque nos asombra “la otra mujer”.

¿Y quién es esa otra mujer que me asusta y vulnerabiliza? ¿Qué me puede arrebatar? ¿Pondría en jaque las creencias sobre las que construí una idea sobre mi misma durante tantos años? ¿Sus caderas me inmovilizan? ¿Su calidez confronta mi supuesta frialdad? ¿Su inteligencia cuestiona la mía? Somos víctimas y también victimarias.

Nos juzgamos, criticamos, herimos, traicionamos y nos conflictuamos al fin del día porque nos enseñaron que el “reino de los cielos” es de las inmaculadas y nuestra torpeza humana no puede con ello y entonces, ¿qué sucede? Nos perdemos de la dicha de la imperfección y nos distraemos tratando de ser “hadas”, “ninfas”, “musas” y “hechiceras” posmodernas cuando en realidad somos de carne, hueso, luz y oscuridad. Oscuridad que no excluye la manifestación de un matiz luminoso, compasivo y generoso en nuestro ser. Así de complejas somos.

Promover la sororidad sin convicción y el no aceptarnos como parte del problema podría volver el discurso vacío y oportunista. Gilda se depara con su propio reflejo en la penumbra que le acompaña en sus últimos días. ¿Qué dice? ¿Qué calla? ¿No importa? Se mira. Las mira. “El infierno son los otros”, dijo Jean Paul Sartre. “A cada uno tengo una cosa que dar”, le contestaría Gilda.

Los últimos días de Gilda, de Rodrigo de Roure
Producción Bocamina Teatral
Dirección Harumi Macías
Con Danna Yáñez y Alessandra Grácio
Foro Doble Nueve
Viernes 14 de febrero 20 horas
Sábado 15 de febrero 19 horas

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