La expresión “a lo Pachuca” no es un una frase acuñada para autovanagloriarse, como acostumbran los dirigentes del club de nuestra ciudad. Se trata de una auténtica muestra de garra y determinación que solo un equipo de 115 años de existencia podría tener. Es un llamado a la gloria, que rara vez no es atendido por los Tuzos cuando las cosas comienzan a complicarse, muchas veces por responsabilidad de la propia escuadra minera. Sea como sea, cuando las cosas se hacen “a lo Pachuca” puedes esperar algo importante e inolvidable.
Decía Carles Puyol que a donde no llegue tu calidad llegarán tus blanquillos. Si nos ponemos darwinianos, podríamos decir que se forma parte del instinto de supervivencia: ganar o perder, luchar o morir. Pachuca ha sido un club que ha batallado para encontrar jugadores que se comprometan con su causa y se adapten a ella. El propio Juan Villoro deja bastante claro que la psicología de los uniformes juega un papel fundamental. ¿Cómo enamorarte de un equipo cuando los patrocinadores son más grandes que el escudo y éstos, a su vez, ocultan los colores de la institución por su presencia invasiva?
Pero no siempre se cumple este maleficio. De un par de décadas para acá, los blanquiazules han construido un 11 histórico conformado por los hombres que le dieron al equipo y a la ciudad todas sus alegrías. En retrospectiva, los grandes logros del cuadro hidalguense son producto de juegos “a lo Pachuca”: el remate de Alejandro Glaría, el testarazo de Aquivaldo Mosquera, la atajada de Miguel Calero a Landon Donovan, la media vuelta de Edgar Benítez, la intervención de Víctor Guzmán y recientemente el tiro centro de Hirving Lozano. Y seguro estoy olvidando varios más.
No es de extrañar que los pachuqueños le juren amor a este club semana a semana justo antes de despedir a sus héroes luego de 90 minutos de emociones. Tampoco es coincidencia que haga un año y medio que absolutamente nadie saca tres puntos del estadio Hidalgo, consolidando la comunión jugadores-afición para crear una fortaleza impenetrable. La identidad de los Tuzos del Pachuca, de los que lo integran y los que lo apoyan, es simple: para reír primero hay que llorar. Es decir, ¿se habían puesto a pensar que el primer triunfo “a lo Pachuca” significó el primer título en primera división?

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