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A México no le supo la derrota

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Pachuca.-

El mes patrio no llega aún y ayer la plaza Juárez de la capital hidalguense se vistió de verde, blanco y rojo para la ocasión, el partido que definía si México estaba o no en octavos de final del Mundial de Rusia. Las banderas se prepararon para ser ondeadas en los momentos de éxito del equipo mexicano.
El himno mexicano sonó en Ekaterimburgo Arena a miles de kilómetros de Pachuca, pero los presentes decidieron hacer los honores, se levantaron y cantaron para que sus voces llegaran hasta Rusia en apoyo a su equipo.
Pocas sillas quedaron vacías, pero hubo mucha gente parada y un tanto de niños se inclinaba por los inflables que por ver el partido; el público demostró que para la pasión futbolera no hay edad, desde adultos mayores, adultos, jóvenes y menores disfrutaban de la proyección.

Banderas mexicanas, trompetas y manoplas tricolor, playeras de la selección fueron repartidos a la multitud para que se preparan para los festejos, además de pastes, aguas, refrescos y botana que dieron a lo largo del partido por parte del gobierno, y también pusieron una unidad de reemplacamiento, por si alguien necesitaba de sus servicios.
El mundo seguía girando y la vida cotidiana continuaba alrededor de la plaza, mientras los espectadores seguían sin ver resultados de los jugadores, el marcador aún estaba en empate a cero con Suecia y el primer tiempo había acabado, las esperanzas seguían para los aficionados.
Los vendedores de dulces, nieves, bebidas y cigarros estaban disfrutando del encuentro deportivo mientras los clientes les llegaban solos, el que ofrecía playeras en 50 pesos no tuvo tanta suerte.
Los jóvenes usaron la cancha montada a un lado de la pantalla para distraerse en el medio tiempo, sin embargo, su juego se alargó hasta los últimos minutos del partido.
El Sol estaba en lo alto del cielo, pero no se había dejado ver por completo, pues las nubes lo escondían igual que los mexicanos la pelota. Ochoa había salvado muchos tiros a gol pero no fue lo mismo en el minuto 50, cuando la multitud se lamentó el primer punto para los contrincantes.


Entonces, los rayos se empezaron a intensificar igual que la tensión en los asientos, algunas caras tristes y otras fatigadas por el Sol, pero todas a la expectativa, atentos a la pantalla, a lo que sucedía; México estaba en peligro de perder el pase y ellos de perder la esperanza, así llegó el segundo gol por un penal, mentadas de madre y palabrerías se escucharon entre el público.
El tercer efectivo fue un autogol de Álvarez, los presentes y México, sabían que ya no estaba en sus manos el pase a octavos, solo un milagro podría salvarlos, varios se retiraron de la plaza, ya habían comido y bebido, el Sol era intenso y la selección había perdido; balones empezaron a volar por el aire desde el puesto de servicio, las personas los atrapaba.

La confusión de los balones y los minutos agregados a tiempo extra hicieron que la celebración del gol de Corea del Sur a Alemania fuera poca, pero los comentaristas informaban que quizá era fuera de lugar, momentos de tensión por no saber si era o no gol; lo admitieron, el grito y las trompetas empezaron a sonar, las banderas se ondearon, las sonrisas y el alma les regresó al cuerpo a los aficionados.
El segundo gol de Corea del Sur solo aseguró el pase de México, la primera fila de espectadores se lució con sus celebraciones, con la bandera como capa, besaban el símbolo patrio en la bandera, arrodillados algunos daban gracias al cielo por la victoria extraña de México.
El encuentro se acabó y la gente se dispersó, levantaron sus pertenencias y se fueron emocionados de haber estado en “el desmadre”, según una señora. Algunos automovilistas tocaban el claxon en avenidas de la ciudad, y muchos portaban la camisa del Tri con orgullo.

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