Es de sabios rectificar, dice la máxima, y el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) entendió a tiempo que recortar dinero a las universidades públicas sería un error que saldría muy caro. No solo por los problemas que generaría a las casas de estudio de todo el país –10 de ellas en crisis financiera–, sino porque ir contra la educación pública de nivel superior sería una afrenta contra sus propios principios y contra un compromiso que hizo enfrente de rectores de las principales universidades durante su etapa de presidente electo. De visita en Hidalgo para anunciar la reapertura de la normal rural Luis Villarreal, López Obrador admitió que cometió un error al proponer un recorte a las universidades en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019 y aseguró que rectificaría. Pero antes del pronunciamiento de ayer, las universidades ya estaban organizándose contra el eventual recorte. Ayer mismo la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) manifestó, mediante un comunicado, su desacuerdo con el recorte presupuestal de 6 por ciento que presentó la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en el PEF. En ese mismo documento, la máxima casa de estudios de la entidad se sumó a otras universidades del país y llamó a las cámaras de Diputados y Senadores a hacer las modificaciones necesarias con el fin “de no trastocar el derecho de los mexicanos a una educación superior de calidad”. En el mismo sentido se pronunció Jaime Valls Esponda, secretario general de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), quien acompañado de rectores visitó ayer San Lázaro para persuadir a diputados de que evitaran recortes a las universidades. López Obrador entendió rápidamente que si optaba por la vía de reducir las participaciones a la educación superior no solo se enfrentaría a cientos de miles de estudiantes universitarios, sino que entregaría, en charola de plata, una de las causas que la izquierda mexicana siempre ha defendido. Los hoy partidos de oposición (PRI, PAN y hasta PRD) están listos para retomar las banderas que ellos les cedan. De filón. El aumento de 14.32 pesos al salario mínimo, que anunció el pasado lunes López Obrador, alcanza para comprar un kilo de tortillas, medio de huevo, o bien, un kilo de azúcar o de arroz… lo triste es que no cubre ni siquiera lo que cuesta un litro de gasolina que, como sabemos, seguirá siendo una de las más importantes formas de recaudar impuestos.

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