Con ese tono desdeñoso, Gustavo Díaz Ordaz aludía al rector de la UNAM Ignacio Chávez; eran los primeros días de abril del año 1966, un conflicto estudiantil que inició con la protesta de estudiantes de la Facultad de Derecho, que rechazaban la reelección del director César Sepúlveda, fue coartada para que el presidente iniciara una grosera y lamentable intervención en la vida universitaria y forzara la renuncia del rector, esa página negra de la vida universitaria se concretó el 26 de abril de 1966.

Junto con Chávez, presentaron su renuncia 32 colaboradores. Es frecuente que el Ejecutivo federal y/o los gobernadores busquen fijar controles, caprichos, reglas del juego en las universidades que beneficien sus causas, sus intereses de grupo. Díaz Ordaz es quizá la expresión más tosca de esa desmesura, de esta ambición que muchas veces se transforma en delirio.

La universidad pública es el principal y literalmente único espacio desde donde se genera el conocimiento, es la ruta y destino del pensamiento; desde esta institución se contribuye determinantemente a formar la cultura de diálogo y respeto a la legalidad, a fortalecer al ciudadano civil y civilizado. La idea de humanidad habita todos los rincones de la inteligencia universitaria. En el caso específico de la universidad de Hidalgo esta ha logrado situarse como un espacio de reflexión, diálogo y debate académico serio, crítico, propositivo, libertario, en ella caben todas las voces, la discrepancia, el diálogo fluido que permite que sea el disenso el argumento que articula los acuerdos. Su compromiso con la calidad educativa, la investigación y la divulgación han permitido que esta universidad se ubique como la cuarta mejor casa de estudios en el país, de acuerdo con el ranking mundial Times Higer Education (THE), una de las dos casas evaluadoras más reconocidas a nivel global en la tarea de calificar instituciones de educación superior.

Con esa evaluación, la universidad de Hidalgo se encuentra solo debajo de la Universidad Autónoma Metropolitana, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y la Universidad Nacional Autónoma de México (fuente: Libre por convicción Independiente de Hidalgo). Con esa autoridad moral y académica nuestra universidad y su autonomía entretejen las ideas del pasado y futuro, de raíz e identidad, de individuo y universidad. Desde nuestra institución defendemos la autonomía porque es la única forma de pensar libremente, transmitir el conocimiento y ser agente central de transformación. La autonomía “está en constante cambio para hacer frente a presiones externas y nos demanda ser autocríticos con nuestras funciones”, Enrique Graue Wiechers.

Autonomía y universidad son términos indisolubles y la primera surge para proteger la libre generación de conocimiento. La universidad se sostiene en una larga tradición liberal que se nutre en la dignidad humana, esa dignidad se expresa en la noción y defensa de los derechos. La doctrina de los derechos es un ideal de toda la vida humana, una expresión de seres pensantes y sensibles. La universidad de Hidalgo se ha constituido como la protección fundamental contra los caprichos del poder, convirtiéndose en el motor y defensora de la cultura de los derechos, la legalidad, transparencia y rendición de cuentas. Una de las razones que ayudan a entender su éxito académico es que nunca ofrece soluciones ilusorias ni se limita a decir que necesitamos más educación, su esencia es la búsqueda y creación del conocimiento, ser promotora activa del debate, de la discusión informada, de la deliberación civilizada entre personas con ideas y criterios diferentes, universitarios que pueden explicar y defender su proyecto de nación.

Con ese espíritu, nuestra institución ha conseguido que sus investigadores, profesores, estudiantes, administrativos sean sueño y esperanza cumplidos. En esta ruta, la aportación de los rectores y del presidente del Patronato Universitario Gerardo Sosa Castelán, su capacidad para imaginar, su inteligencia para transformarse y transformar, su agudo sentido de la dignidad y la defensa de la educación y los reclamos sociales son defensa y baluarte de nuestros valores. Esa es hoy la gran batalla de nuestra historia.

Comentarios