Los efectos de la espiral inflacionaria, del aumento en los precios de los combustibles, entre otros factores, están teniendo efectos graves entre los hidalguenses. Según el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP) que mide el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en Hidalgo cada vez más personas no tienen ingresos suficientes para comprar la canasta básica. En esta situación se encuentra poco más de la mitad de la población hidalguense (50.1 por ciento). Esta cifra por sí sola debería alarmarnos, pero es aún más preocupante que, lejos de progresar, vamos para atrás. En el cuarto trimestre de 2016, 41.5 por ciento de la población no podía adquirir la canasta básica en Hidalgo, de modo que en apenas un año ese indicador creció 8.6 puntos porcentuales. Hidalgo, por otro lado, está entre las tres entidades con mayor aumento de su población que no puede adquirir la canasta básica junto con la Ciudad de México y Tabasco. Después de conocer estas cifras, las autoridades estatales deben hacer un análisis a fondo para ver qué es lo que está pasando. Si es necesario dar un golpe de timón, es urgente hacerlo. De filón. Algo pasa con las empresas que se dedican a tratar residuos sólidos urbanos para los municipios. No están cumpliendo con lo que prometen en sus contratos. Recordemos el caso de Cambio Verde en Pachuca y ahora lo que ocurre con Valorsum en Mineral de la Reforma, donde ayer el cabildo dio para atrás a la concesión que otorgó a esa empresa.

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