La fotografía es una de mis pasiones personales, desde niña tuve interés en ella y tuve mi primer cámara, claro de visor directo y de rollo, a los 11 años aproximadamente. Siempre llamó mi atención en muchos sentidos. Así que cuando tuve que, mis proyectos de investigación siempre rondaron alrededor de la fotografía también.

Las redes sociales de Internet, son otra de las áreas que me han sido de mucho interés, es un espacio que muestra un microcosmos de como nos comportamos y conducimos como sociedad y que tiene muchos puntos a favor como en contra, ya hemos hablado de eso en columnas anteriores.

Así que una parte de mi investigación se ha volcado justamente en las fotos en estos espacios virtuales y una de las que se ha vuelto más recurrente es la fotografía de comida que se han conocido como foodies, manejando la misma terminación que tiene la palabra inglesa selfie, es decir, autorretrato.

No soy historiadora del arte, sin embargo, para este análisis era importante conocer como hemos desarrollado cierta cultura visual en torno a las imágenes que compartimos hoy en día y en el caso de la fotografía de comida los bodegones son una base clara de esa construcción estética.

Muchas veces se le llama bodegón o naturaleza muerta al mismo tipo de obras plásticas, sin embargo, para hablar específicamente de comida prefiero usar el término bodegón pues alude a la palabra “bodega”, que era el lugar donde se guardaban la comida y la bebida antes de que existieran los ahora tan comunes refrigeradores.

María Victoria Legido ubica las primeras representaciones de comida en las villas romanas, bajo el nombre de Xenia, iniciaron como ofrendas de alimentos que hacían a sus invitados y que luego se dejaban plasmadas en frescos y mosaicos con la intención, por parte de los anfitriones, de mostrar los productos alimenticios que degustarían sus huéspedes.

Así, esas representaciones van teniendo diferentes objetivos, por ejemplo, de orden científico, botánico o naturalista hasta que en el siglo XVII, frente a una sociedad de la sobreabundancia, vuelve esa representación más de moda para los aristócratas y luego burgueses.

Al ser, muchas de estas representaciones, imágenes de objetos inertes, desde el principio de la fotografía toman importancia y dan la facilidad a los ejercicios pues las tomas iniciales fueron de horas, luego minutos y segundos, antes de llegar a las fracciones de segundos que hoy en día tenemos en la fotografía, por lo que un objeto fijo era una mejor opción para estas prácticas.

A la par, vamos encontrando la construcción estética de los platillos, el food art es algo que los chefs más especializados no pueden dejar fuera de la construcción de sus platillos. Esta estética dentro del plato de comida la podemos observar en las revistas dedicadas a esos temas, en los menús de los restaurantes más refinados y ahora en cualquier red social.

A lo largo de la historia se mantiene la idea de presentar el consumo y el derroche, la abundancia y la capacidad de ofrecer ciertos alimentos. Hoy las cámaras digitales y las redes sociales exponen para el mundo en segundos lo que vamos a degustar; y lo que perdura es la exhibición pública, la identidad, el poder y la velocidad de la era de las comunicaciones.

Sin embargo, cuando se habla de abundancia, no podemos dejar fuera la escasez. Entonces, la fotografía de comida representa a la sociedad de la abundancia, mostrando lo que se consume, dónde o de qué manera, pero, dice Légido “los bodegones contemporáneos son nuestra vergüenza social”, puesto que más de un tercio de la comida del primer mundo termina en la basura; muchas de esas representaciones son símbolos del lujo, de la avaricia y la opulencia. En ese sentido, esta autora destaca que la hambruna es mundial, en diferente escala tal vez, pero en todo el mundo, y la presencia de la comida basura o rápida, así como de utensilios desechables, que parecieran un gran avance de nuestra civilización, deja aun entrever la escasez frente a la sobreabundancia.

Así, podemos detectar que esas imágenes evocan una idea de estatus entre los usuarios de la red social virtual. Sin embargo, puede detectarse este estatus en el mismo juego de abundancia y escasez, pues no solo se comparten las fotografías de platillos gourmet o que han sido presentados con todo cuidado y detalle dentro de un plato bien compuesto y armónico, si no que también se comparte lo cotidiano, lo popular y lo que se consume en el día a día. Es así como podemos tener una fotografía de un platillo de un restaurante de autor y al bajar la pantalla de nuestro celular encontrarnos con un elote preparado en el carrito de comida de la calle. Todos los mundos caben en este espacio virtual y todas las identidades también.

Así, te invito a compartir y a antojar a tus amistades virtuales, con lo que vas a comer hoy. ¡Buen provecho! y a disfrutar de los deliciosos platillos de temporada, que la gastronomía mexicana tiene el reconocimiento de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde el 2010.

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