Desde hace ya varias semanas en Hidalgo se vive un clima de inseguridad y recelo, las constantes desapariciones de mujeres y hombres se han convertido en noticia de todos los días. A inicios de esta semana tuvo lugar la Marcha del Dolor, compuesta por alumnado, profesorado y personal administrativo de distintas instituciones educativas de nivel superior. Una de las consignas más importantes durante la pronunciación fue la de la consideración y atención del impacto diferenciado de la violencia que sufrimos mujeres y hombres. Está de más hacer mención de las estadísticas de la violencia contra las mujeres en Hidalgo, explicar una y otra vez que los varones hidalguenses maltratan, violan y asesinan a sus parejas dentro de sus hogares, le estaríamos hablando a una ciudad que se niega a despertar.

El primero de febrero de 2007, durante el gobierno de Felipe Calderón, se hizo pública la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en ella proclamaron que todos los niveles de gobierno de todas las entidades federativas tenían la obligación de garantizar la prevención, atención, sanción y erradicación de todos los tipos de violencia contra las mujeres durante su ciclo de vida, más de 10 años después nos podemos tomar el tiempo de analizar cada una de estas premisas.

En primer momento tenemos la prevención y empezamos mal, en Hidalgo se ha hecho mucho por publicar tablas y gráficas de pastel cuyo único efecto es el de alarma efímera. Incluso las instituciones de educación superior han asegurado estar tomando medidas para garantizar la seguridad de las mujeres, por desgracia nos encontramos con cuerpos académicos de varones que acosan a las estudiantes y profesoras; administrativos que se niegan a escuchar las demandas del estudiantado que sufre violencia y autoridades que parecen no enterarse de la situación, voluntariamente o no.

Las implicaciones de la prevención van mucho más allá de una simple gráfica diagnóstica, las acciones deberían estar dirigidas a capacitar al personal, sobre todo a los varones, en temas de respeto a las mujeres y perspectiva de género, esto no significa que estemos buscando tratos preferenciales, sino que todos esos varones que aprendieron a violentarnos también aprendan a respetarnos. La prevención no tiene que ver con que las mujeres tomemos clases de defensa personal, carguemos un taser o una navaja o no salgamos de casa, tiene que ver con la responsabilidad de las instituciones públicas y privadas de educar a la población en general, con especial atención a los varones, en vez de consentir a los violadores y acosadores.

Segundo punto: el de la atención, al respecto basta con escuchar los testimonios de mujeres que insisten en demandar a sus agresores y que son ignoradas por las supuestas autoridades, las mujeres que sufren violencia en los servicios públicos sanitarios y aquellas que ni siquiera tienen acceso a educación, salud o seguridad social. Bastaría con recordar que las instituciones de nivel básico, superior y medio superior carecen de protocolos claros y efectivos de detección y canalización de casos de violencia. No creo que valga la pena mencionar al Estado, que ya ha roto el récord Guiness por negligencia.

A las anteriores les sigue la sanción, que suena más bien a una mala broma. Nos encontramos en un estado donde las mujeres vivimos en constante miedo, preguntándonos si seremos las siguientes en el boletín de “Se busca” y en donde los agresores viven tranquilos, reincidiendo en sus prácticas violentas, amenazando a las mujeres en redes sociales, en sus trabajos y sus hogares. En donde tenemos que marchar ante un gobierno sordo y escuchar “a los hombres también nos matan” de boca de más de uno, que no ha entendido que hay quien diga lo contrario.

Por último, el cielo de la erradicación está muy lejos de ser nuestro, gracias a todos los niveles de gobierno donde aplican las cuotas de paridad sin perspectiva de género, sin capacitación y sin representación de las necesidades de las mujeres, como si nos hiciera falta otro partido político conformado por las esposas de los mismos funcionarios públicos.

Los gobiernos están al servicio del Pueblo y quien no lo ha entendido tendrá solo que mirar a Sudamérica, a las mujeres que se levantan por sus países, a las universitarias incansables y a todas aquellas que buscan una vida mejor para las que vienen después.

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