“Si se desea descubrir el origen de la creciente apatía política, no es necesario buscar más allá. Esta política premia y promueve el conformismo”
Z Bauman

La conocida tercera ley de Newton que formula el principio de acción y reacción, el cual estipula que a cada acción siempre se opone una reacción igual, pero en sentido contrario, se transforma en una notable metáfora para explicar la peculiar y alarmante situación en que se encuentra la política hidalguense. En efecto, estamos en el umbral de un importante proceso electoral para la vida política del estado, en el que no solo se está jugando la posibilidad de acceder al poder, sino algo más contundente, la transformación de la vida de todos los hidalguenses. Todos sabemos que las elecciones de 2018 reconfiguraron la distribución del poder en el estado, ya que, por primera vez, tenemos una mayoría de representantes en el Congreso local, la Cámara de Diputados y el Senado de una tienda política distinta a la del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que había dominado la escena política en las últimas décadas.

Estos hechos y los triunfos electorales que ya quedaron escritos en la historia política del estado, combinados con el enorme desencanto que la mayoría de los ciudadanos han acumulado durante años sobre el papel de los partidos políticos y de los políticos mismos, que los han hecho escépticos al cambio verdadero y necesario, anidando poco a poco, pero contundentemente en cada uno de ellos el conformismo. Actitud que los lleva a aceptar fácilmente esta realidad injusta y adversa, situación en la que están mirando y analizando las acciones de los políticos, de los supuestos expertos, como algo más de ese ya conocido camino, que no nos permite liberarnos de esa pesada camisa de fuerza que es la injusticia.

Los ciudadanos no logran visualizar la gran oportunidad que significa construir una reacción a la altura de las expectativas del Hidalgo que necesitan para desarrollar sus vidas, el conformismo los empuja a la espera de una fuerza política que los encamine por la ruta del bienestar. En ese sentido no es de extrañar que las encuestas arrojen datos sobre la enorme preferencia de la intención del voto por Morena, en todo el estado, de esa forma se entiende que si alguien es candidato de ese partido será electo sin demasiada incertidumbre, porque el confirmo, les dice que es el único mundo posible, por lo menos ya no estarán los de siempre, aunque las cosas posiblemente no cambien mucho.

De esa forma, esa persistente idea de que todo se genera en el centro y de que la posible alternativa vendrá de allá, no permite que los hidalguenses visualicen la forma hegemónica y vertical en la cual se construye un sofisticado aparato que les hace ver como normal, el diseño del proceso electoral en el estado desde el centro, con la finalidad de ser favorecidos intereses externos en detrimento de las necesidades y expectativas de los hidalguenses.

La reacción de los actores y fuerzas políticas del estado no es igual ni en sentido contrario a las imposiciones de las fuerzas políticas del centro, por el contrario, todos los actores y fuerzas políticas buscan un posicionamiento externo para legitimar sus aspiraciones de representación de las problemáticas estatales. Eso trae como consecuencia inmediata la reducción de espacios de crecimiento de un proyecto político, de expansión del bienestar y la reducción de la política al recuento de puestos de representación que benefician y alimentan la geografía política nacional.

El estado de Hidalgo necesita actores y fuerzas políticas que puedan actuar en conjunto, no necesariamente alineados, para beneficio de un gran proyecto estratégico que se alimente sanamente de su oposición a imposiciones hegemónicas externas, que necesitan de posiciones locales en el gran escenario nacional. Así, un Congreso estatal y 84 ayuntamientos pueden alimentar presupuestariamente lo estratégico, lo importante para lograr el desarrollo del estado.

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