¿A qué le tienes más miedo en esta cuarentena? Yo: De equivocarme con estos botones: Activar micrófono/Iniciar video.

Los memes sobre estas anécdotas han crecido desde que tenemos que quedarnos en casa, sin duda nos reconcilian con el humor, con la risa, sanan esta alma remendada con destellos de creatividad salpicados de gracia y otra cosita.

Arraigada a mi generación desconfiada con el uso de las redes sociales y al abuso de las mismas, he entrado a esas novedades gracias a mis estudiantes. “Profesora, ¿ya tiene su Facebook? Maestra, así se sube un video, de esta manera puede hacer Photoshop, así se prende el cañón, así se conecta al Bluetooh”. Resistencia a los cambios que marcan el paso del tiempo, lealtad al ayer tan cómodo. Pero tuvo que llegar esta situación para hacer un lado resistencias y poner todos los sentidos, la intuición y hasta el talento para estar en contacto con ese mundo del que debemos alejarnos por sana distancia. Entonces, a inventar, a aprender, a perder la vergüenza y a aceptar humildemente los nuevos conocimientos.

Ay, la primera vez en Zoom, las gotitas de sudor paseando por mi espalda mientras confirmaba el link enviado, esa espiral en movimiento que se apropia de la pantalla de la computadora y la hace pestañear hasta que de pronto la magia y ahí están, el colega, el alumno, la estudiante, la sinodal, el tesista, la profesora. La vida en cuadritos, pantallas que permiten un saludo cariñoso, un dedo pulgar aprobatorio que se eleva a la gloria, esa sonrisa que has extrañado.

Y ahora en casa, a cerrar ventanas si pasa el camión de la basura, el señor de los tamales, el del gas. No te habías dado cuenta de lo fuerte que cantan los pájaros que han hecho un nido debajo de tu ventana. Evitar el estornudo de huracán. Vas interpretando las señas mientras hablas con inspiración, pero el micrófono no está activado. Pese a todo, para el examen profesional ingenuamente te vistes de gala para lucir en pantalla. El amigo que te confiesa que luce camisa y corbata, pero trae sus pantuflas de hombre lobo, que son muy cómodas, pero que la cámara no enfoca. Las nuevas frases que se van haciendo cotidianas: Silencio que voy a grabar un video. No vayan a pasar que estoy en clase. No griten que está lloviendo y hay que bajar la ropa. No bostecen tan fuerte. No andes en calzones por la casa.

Y el micrófono encendido, qué miedo, ya me tocó escuchar cuando una colega compraba el pan y pedía tres campechanas, se me antojó. El tío metiche que terminado el examen profesional dice: “ay esos sinodales fueron muy suavecitos”. Pensar en voz alta: “Pinche clase aburrida”… eh compañero está abierto tu micrófono.

El dolor de cabeza si las sesiones son largas, la alegría de solo cruzar tu pasillo y llegar a casa de tu escritora favorita que dará un curso en línea. No falta el hacker que ya invadió la sesión con la foto pornográfica. Qué fácil desaparecerlo simplemente cerrando la sesión.

Luego la nostalgia cuando las pantallitas se van a pagando mientras escuchas hasta luego, gracias, hasta mañana. Nuestra vida hoy en cuadritos, seguir en casa con la esperanza de que algún día no se tendrá que encender un micrófono para hacerte escuchar, ni activar el botón de video para verte. De hablar sin pantallas y que quien esté al lado, te diga: “Qué delicioso, traes tu perfume Carolina Herrera”.

Comentarios