Con 37 años cumplidos, hija de un hombre campesino y una mujer dedicada a las labores del hogar, Adareli defiende a cada instante su sueño de estudiar ciencias de la comunicación, pero lograr las metas no es fácil en un municipio como Chapulhuacán, un lugar hidalguense colindante con San Luis Potosí dedicado a las actividades de campo, que cada día observa partir a sus habitantes en busca de mejores condiciones de vida, con casi nulas oportunidades de estudio.

“Yo vengo de una familia con 10 integrantes, lo que significa que no existen muchas posibilidades de estudiar, aun así logré culminar el bachillerato con especialidad en computación secretarial, pero mi sueño era llegar a la universidad; quería estudiar y trabajar, lo que no era fácil porque requerían experiencia, entonces viajé a Monterrey para trabajar como empleada doméstica, la oportunidad de irme a Estados Unidos fue en 2003.”

Adareli creció escuchando y observando las experiencias de quienes se aventuraron al sueño americano, dice que en aquellos ayeres jamás le cruzó por la mente la idea de vivir en el país vecino porque su anhelo no era vivir discriminada, sino estudiar la universidad, algo que en los lugares que presentan rezago social se convierte en un verdadero desafío.

“Sabía que como empleada doméstica no podría aspirar a mucho, así que acepté cuando me enteré que podías viajar a Estados Unidos con un contrato laboral y una visa temporal en mano, fue así como viajé por primera vez a Luisiana junto a cinco mujeres para laboral en una fábrica de chocolates; me di cuenta que no es como lo pintan, estuve lejos de mi familia en condiciones tristes porque en un pequeño cuarto vivíamos muchas mujeres; así estuve durante cuatro años.

“En esa fábrica únicamente laboraba 40 horas, es decir, cuatro días, por lo que el sueldo era muy bajo y al platicar con trabajadores me aconsejaron buscar a otro contratista. En 2007 comencé a ver opciones, ahí empezó el viacrucis porque un señor me ofreció trabajar en Michigan en una empacadora, me emocioné hasta el momento en el que me pidió como requisito darle 2 mil pesos; dudé porque nunca antes me habían pedido dinero aunque la emoción me ganó y lo conseguí, posteriormente me dijo que venía otro pago de mil quinientos pesos, después fueron pretextos, mentiras e incluso amenazas.”

Para marzo de 2008, con la esperanza de no volver a ser víctima de un fraude laboral, como los 6 mil 497 solicitantes de empleo que lo fueron desde 2005, Adareli decidió volver a confiar en que los supuestos contratistas son conscientes de la necesidad de los migrantes, error. “Le conté a la nueva contratista mi experiencia anterior, le pedí que no me engañara y me aseguró que no sería así, esta vez la cantidad era de 500 pesos, nos envió a Poza Rica a una aparente capacitación, donde llegó un ‘licenciado’ a pedir un depósito de 750 dólares, pero esta vez decidí no pagar y días después una compañera que sí lo hizo me confirmó que fue un engaño.

“Viví estas experiencias dos veces más, podría pensarse que es ilógico que te suceda tantas veces, pero entonces me parecía muy difícil identificar los fraudes porque realmente parecían empresas serias; la tercera fue en Monterrey, una prima me dijo que se trataba de algo serio y viajamos para allá en septiembre de 2008, no sin antes depositar 2 mil pesos, al estar en la ‘capacitación’ llegó un licenciado con el supuesto dueño de la empresa, que realmente parecía un estadunidense, solo que todo se nubló cuando nos pidió 3 mil pesos más. Te engañan siempre diciendo que es para pagar el derecho a visa, recuerdo que cuando tomaron mis datos, ni siquiera escribieron bien mi nombre, quedamos de verlo al otro día a las 8 de la mañana pero evidentemente jamás apareció.

“Al denunciar en el centro de migrantes de Nuevo León nos confirmaron que fuimos víctimas de fraude por la misma persona que engañó en Tabasco, en Veracruz y a nosotros en Hidalgo, recuerdo el sentimiento de impotencia, abracé a mis compañeras y lloramos; fue en ese momento cuando supe que tenía que hacerse algo para que desapareciera el fraude, me acerqué al Centro de los Derechos del Migrante. En 2009 regresé a la fábrica de chocolates hasta 2011, en ese año ya no fui solicitada y desconozco la razón; de 2011 a 2014 estuve también en Luisiana laborando en una empresa de camarones, pero los fraudes continuaban y afectaba principalmente a quienes son madres solteras.

“Esas personas desafortunadamente tienen mucho poder de convencimiento ante la necesidad, para mí es muy difícil porque no he podido lograr mi sueño de estudiar, a veces me deprimo y a la par me pongo contenta por dar seguimiento a esos casos de fraude junto con el centro que nos ha explicado nuestros derechos como trabajadores, antes de estar con ellos no sabía que tenía derechos como trabajadora, pensaba que debía conformarme con lo que te ofrecían.

“En Pachuca un día me acerqué a atención al migrante pero fui ignorada, me dijeron que ese asunto no compete a ellos, no es posible que eso suceda; como comunidad rural estamos muy abandonados, solamente buscamos que nos apoyen contra los falsos reclutadores, tanto el gobierno municipal como estatal que dejen de ver al migrante nada más como una persona que envía remesas.

“A quienes han sido víctimas de fraude quisiera decirles que nos ayuden, porque muchas veces por miedo a las represalias no hablan, se quedan callados, pero entre más personas hablen más se enteran. Ahora colaboro voluntariamente en el Centro de los Derechos del Migrante y mi pago es que se sigan interesando en nuestra problemática, me gustaría mucho llegar a todas nuestras comunidades para alertar a la gente.”

Adareli no olvida su sueño de pisar las aulas de una universidad para estudiar comunicación, Adareli es migrante, hidalguense, una mujer de fe, compañera de lucha y trabajo que nos recuerda que tenemos espíritu, pero necesitamos temple.

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