Pachuca.- Aunque siempre ha existido, la adicción al sexo es una de las más negadas en la sociedad. No fue hasta 1987 cuando la Asociación Americana de Psiquiatría la reconoció como enfermedad. El sexo es una actividad natural, pero pierde esa característica cuando la actividad en cuestión se convierte en un fin en sí misma, llegando a controlar la vida de la persona en lugar de enriquecerla.
A una persona le puede gustar el sexo en mayor o menor medida, pero cuando este se convierte en una obsesión que se antepone a la vida cotidiana (relaciones de pareja, relaciones sociales, familia, trabajo, entre otras), y ocupa todo el pensamiento de la persona, puede hablarse entonces de una conducta obsesiva. Es decir, una adicción.
Las adicciones del comportamiento se caracterizan por una pérdida de control, una persistencia de la conducta pese a valorar sus consecuencias adversas, un deseo obsesivo de repetir dicha conducta (dependencia psíquica), síndrome de abstinencia y pérdida de interés por otras conductas previamente satisfactorias.

Causas

Hay estudios que indican que 80 por ciento de las personas adictas al sexo tienen antecedentes traumáticos debido a abusos sexuales. En otras ocasiones, un sentimiento de vacío o soledad, o los rechazos a nivel afectivo erótico, empujan a este tipo de comportamientos, sin necesidad de tener ningún antecedente traumático. De cualquier modo, esta adicción es más frecuente en hombres que en mujeres.
Puede llegar a ser diferente en distintas personas, pero generalmente hablando existen razones psicológicas, biológicas y espirituales. El adicto biológico es alguien que ha condicionado su cuerpo a recibir químicos o sustancias cerebrales a través de procesos de reforzar fantasías sexuales, con eyaculación que provee que estas sustancias se liberen hacia el cerebro. Psicológicamente, el que tiene la necesidad de medicarse o escaparse de situaciones físicas, emocionales o de abuso sexual, en donde dicha persona encuentra la medicina sexual, ante el alcohol o algún otro tipo de drogas.

Fases del desarrollo adictivo

Primero se llega por una fase apetitiva. Una persona no puede sentir adicción por el sexo sin cierto gusto o curiosidad por llevar a cabo actos sexuales. Luego está la fase ejecutiva, en la que aprende a obtener placer de dichos actos y a repetir su ejecución de forma abusiva, hasta quedar literalmente exhausto. La demanda de satisfacción escala muchos enteros, a menudo resulta imposible mantener la actividad sin que interfiera con otros asuntos, por lo que el adicto se enfrenta tarde o temprano a la abstinencia y, por último, a una fase de adaptación en la que la adicción se mantiene, se agrava o se acaba abandonando.
En líneas generales, se trata de personas impulsivas e inseguras, con un cierto “vacío existencial”. Tienen necesidad de practicar sexo de forma impulsiva y repetitiva, mecánica, a través de breves encuentros con personas anónimas, sin importarles si encajan dentro de su prototipo de pareja sexual, se involucra en actividades de riesgo y con población de riesgo (trabajadoras sexuales) y hasta pueden innovar en sus prácticas sexuales (independientemente del sexo y lo que implique
–como sustancias de abuso, implementos, accesorios, grupos anónimos–). Esta situación es obviada por los adictos al sexo, por lo que es fácil que se contagien con infecciones de transmisión sexual y hasta se contaminen con rasgos y conductas patológicas, las cuales engrosan el repertorio conductual sexual de la persona adicta.
Al ser descubierto sobre todo por sus seres queridos o más cercanos, busca ayuda, o cuando empieza a sentir la sintomatología compulsiva comportamental, o cuando se enferma o su pareja se contagia de lo que ya puede portar.

¿Existe cura?

Sí, existe recuperación y liberación para un adicto sexual. Es algo que toma tiempo y mucho esfuerzo, especialmente durante el primer año pero, con ayuda, puede experimentar restauración en su vida espiritual, emocional, relacional y financiera. Muchas parejas logran convertirse en un matrimonio mucho más sólido y más feliz de lo que hubieran siquiera pensado.

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