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Adiós Sandra Dee

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“Mírame, soy Sandra Dee.
Llena de virginidad.
No puedo ir a la cama,
hasta que esté casada.
“No puedo, soy Sandra Dee.
Yo no bebo.
No juro en vano.
Me enfermo con un cigarrillo.

Aleja tus sucias manos de mis sedosos paños menores.

¿Harías eso con Annette?”
1978, se estrena en la Ciudad de México la película musical Vaselina, con John Travolta y Olivia Newton-John. De inmediato es todo un éxito, rompe récord en taquillas, el disco doble vende miles de copias y las chicas se enamoraban del personaje principal que se llama Danny Zuko… Pero, mientras mis amigas anhelaban ser la dulce Sandy, yo me identificaba con Betty Rizzo, interpretada por la actriz Stockard Channing. Sí, yo quería ser como la mala de las Chicas Rosas, la que se aburre con esa historia de amor tan cursi, la que se burla del puritanismo de la nueva niña de la escuela, la que explora su sexualidad y la que finalmente influye para que Sandy cambie y tenga más iniciativa, sensualidad y seguridad en su noviazgo con el chico más perseguido del Instituto Rydel.

Pero Rizzo no es solamente la chica provocadora y provocativa, es la que tiene más claro quién desea ser, siempre indiferente al qué dirán. No es frívola ni mala, simplemente es ella misma. Se arriesga, se equivoca, envidia pero también es solidaria, peca sin temor, le encanta que la desean, se atreve siempre. Ella interpreta una canción que para mí ya es emblemática:

“Hay cosas peores que sé hacer.
Ir con un muchacho o dos.
Y la gente piense que no soy buena.

Eso quizá sea verdad, pero hay cosas peores que sé hacer.
Puedo coquetearles a los chicos, pegarme a ellos al bailar.
Hacerles creer que tienen una oportunidad conmigo y luego negarme a ello.
Eso es algo que no haré…
Yo no robo, no miento, pero sé sentir y sé llorar.
Apuesto a que eso no lo sabías.

Pero llorar frente a ti, es la peor cosa que puedo hacer.”
A 40 años de su estreno, la sigo viendo con el mismo gusto y canto todas las melodías, pero sobre todo disfruto esos roles de género que quizá, sin querer, nos presentaron y apostaron por el de la chica libre y gozosa de sí. Rizzo jamás se arrepiente de ser como es y Sandy opta por convertirse también en una chica atrevida que se despide de sí misma al cantar:

“Mírame, tiene que haber algo más de lo que ves en mí.
Tan sana, tan pura, no estoy segura de mí. Soy la pobre, Sandra Dee.
Sandy, debes empezar de nuevo. ¿No sabes lo que debes hacer?
Levanta la cabeza, suspira profundo… Adiós, Sandra Dee”.

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