Aurelio Juárez Hernández tiene 33 años, es casado, con dos hijos y se dedica a combatir incendios forestales, trabajo que pocos conocen, demandante, lleno de peligro y adrenalina.
Pertenece al grupo de combatientes de incendios de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) Hidalgo, conocidos también como los amarillos por el color de su uniforme.
Aurelio comenzó hace 13 años como combatiente motivado por su padre quien desde hace 25 años se dedica a lo mismo; entró en un campamento para combatientes en Tulancingo, donde se preparó y ya capacitado salió a enfrentar su primer incendio en el ejido Los Romeros de Santiago Tulantepec.
“Al principio no tienes la experiencia, nada, no sabes de qué se trata pero a través de los años agarras experiencia, más que nada sobre los árboles, pues su destrucción nos daña como personas y a toda la población. Llegué a ese primer incendio con los nervios de no saber qué vas a hacer, pero los compañeros te van diciendo como lo debes realizar.”
Los combatientes forestales principalmente elaboran brechas cortafuegos, de tres metros de ancho aproximadamente, alrededor del incendio para que no se propague más.
Con sonrisa en el rostro, Aurelio rememoró sus incendios, de los más pequeños a los más grandes y dijo que nunca es el mismo fuego, no se comporta igual.

Riesgo y demanda

“Hay muchos riesgos, te puede atrapar la lumbre, te puede rodear, te puedes caer, te pueden pegar las rocas o un resbalón, son muy peligrosos los incendios.”
Aurelio contó que en los 13 años de combatiente no ha tenido accidentes fuertes, sin embargo ya sufrió caídas y resbalones, al igual que otros compañeros quienes no se han accidentado de gravedad.
“Salgo desde la mañana, no sé si regrese, llego en la madrugada y al otro día salgo temprano, a veces no llego a la casa, preocupada la familia por dónde estoy, mis hijos me preguntan ʻ¿papá dónde andabas, tuviste incendio?ʼ se preocupan porque a veces no llego un día, dos días o hasta una semana.”
En ese sentido, el combatiente de Conafor dijo que el trabajo es demandante en tiempo y complicado por factores como el Sol, el calor de la lumbre y la pesadez, así como la fuerza que puede representar, no obstante vale la pena.
“Vale la pena el riesgo pues a la hora de que se termina el incendio quedas agotado pero satisfecho de que no están consumiéndose más hectáreas, no están quemándose más bosques.”

La línea de fuego

Para Aurelio, lo que más le gusta de su trabajo es estar en la línea de fuego, “llegamos a la ubicación del incendio, vemos cómo se comporta el fuego, cuánto personal hay, y es ahí cuando empezamos a liquidar el incendio.
“En ese momento se siente adrenalina, sobre todo cuando se ve muy explosivo el incendio, uta, se siente muy fuerte la adrenalina, te sientes presionado contigo mismo porque cómo le vas a hacer para combatir el incendio”, dijo Aurelio con brillo en los ojos.
La adrenalina de estar en la línea de fuego y la satisfacción de verlo apagado son las cuestiones que lo mantienen como combatiente.
Finalmente, explicó que los árboles cada año se deforestan y añadiendo los incendios resultan muy afectados, ahí la importancia de cuidarlos.
“Cuiden los bosques, no tiren esas colillas hacia los cerros y pastizales, en vacaciones no hagan fogatas, no tiren basura porque 80 por ciento de los incendios forestales son causados por el ser humano.”
En lo que va de la temporada de incendios forestales 2017, que comenzó en enero y terminará en junio, los reportes, hasta este fin de semana, registraron 200 siniestros en más de 30 municipios de Hidalgo.

El fuego es muy explosivo, a veces asusta la verdad pero es mi trabajo y debo estar ahí, por eso somos combatientes forestales, pues es en la línea de fuego donde estamos”

Equipo de un combatiente

  • Botas
  • Pantalón
  • Camisola
  • Pañoleta

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Egresado de la UAEH, aprendiz de alquimista, o sea de reportero. Vagabundo de la vida y redactor en construcción. Amo el periodismo y la radio ninguno más que el otro. @davidpadillacor