Advertencias

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mario cruz

Mario Cruz Cruz y Soledad Espinoza Lozano

Primera advertencia: “No vayan a salir con sus tonterías”

Cualquier analista con sentido común sabe que la elección del primero de julio es resultado del fallido desempeño de un sistema plagado de corrupción, inseguridad, desempleo y golpeteos recurrentes a los bolsillos de todos los ciudadanos. En ese contexto, muchos candidatos electos se subieron al tren del hartazgo y al ajuste de cuentas de una población cansada del poder tradicional que por más de 80 años gobernó este país.

Muchos representantes populares virtuales no sudaron la camiseta ni se ensuciaron los zapatos para ganarse el voto, pero la inercia “amloista” los llevó a ganar un espacio. Esta situación en principio no es del todo mala, siempre y cuando su desempeño tenga excelentes resultados, pero hay varias consideraciones que debemos tomar en cuenta para no morir de decepción y, al mismo tiempo vale la pena advertir a nuestros nuevos representantes que el pueblo ya no está dispuesto a soportar más de lo mismo y no quiere repetir los modos priistas de gobernar.

En la jerga política ganar sin hacer el mínimo esfuerzo se le conoce como “nadar de a muertito” y representa riesgos para el proyecto de fortalecimeinto de la democracia en México, porque muy probablemente el representante popular elegido dejará que las fuerzas de las mayorías orienten su desempeño, donde la frivolidad y el desatino serán su sello. Esta alerta está clara para el presidente electo, ya que en reciente reunión del 11 de julio les advirtió a los diputados, senadores y gobernadores electos: “No vayan a salir con sus tonterías, porque la gente se los va reprochar; no estén pensando que es el pueblo sumiso, callado, el pueblo manipulado de antes. No se equivoquen, es un pueblo muy politizado, lo demostró el primero de julio; la gente va estar al pendiente de todo lo que hagamos, de todo lo que se haga”.

Con esta advertencia, el nuevo presidente manifestó su disposición de decantar a los oportunistas sin convicción ni filosofía del servicio público. Esos que no tienen en el horizonte el servir a la comunidad y dirigir sus esfuerzos a la construcción de un proyecto de nación distinto.

Debe de reconocerse que en el proceso de elección reciente también hubo candidatas y candidatos que se comprometieron en las campañas hasta su último esfuerzo, escuchando a la gente, caminando a ras de piso para conocer las necesidades de las comunidades, oyendo sus quejas y sus esperanzas. Por la sencilla razón de que su encargo está respaldado por el voto ciudadano, vale la pena que nuestros futuros representantes populares reflexionen sobre estas advertencias, para que no hagan las tonterías del pasado y que “el mal del poder” les impida tomar las mejores decisiones.

Segunda advertencia: vacúnense del síndrome de Hubris

Ahora que estamos en los procesos de entrega-recepción en varias administraciones, algunos funcionarios salientes podrán darse cuenta que el ejercicio del poder público tiene sus límites temporales, y que por más rabietas que hagan, el ajuste administrativo de la alta burocracia ya está en puerta, donde la reducción de salarios es una de las primeras acciones de la llamada austeridad.

En gobiernos pasados la arrogancia, el nepotismo, “el todo soy y el todo puedo”, fue una simple y vulgar sobredimensión de lo que debe ser un verdadero funcionario público. Donde los altos mandos y sus hijos “mirreyes” exhibían el poder político y económico, marcando la distancia con el pueblo que los eligió, un verdadero comportamiento clasista y discriminatorio que se crece en todos los niveles.

Este comportamiento anormal tiene nombre y ha sido estudiado por cientistas de la salud y lo ha catalogado como el síndrome de Hubris, también llamado “la enfermedad del poder”, y provoca al que lo padece “pensar que sabe todo, que la realidad es la que el cree que es, y no la que es; piensa que los otros no saben nada y, como tal, los desprecia (Perfil.com)”.

Para nuestras nuevas administraciones vale la pena recordarles que los puestos son temporales y que nos hace falta menos narcisistas y mentirosos. Nuestros lastimados pueblos necesitan más funcionarios con visión municipalista y estadistas de largo plazo. ¡Advertidos estamos!

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