Para mi suegrito que ya no está.
Para Juan Manuel Robles, que también se nos fue,
hermano de mi amada amiga Francisca.
Para cada periodista que nos arrebataron en estos días.

Este julio de 2019 fue un mes triste, me arrebató a personas que quiero y admiro, entre ellas una mujer que nunca me conoció, pero que marcó mi perspectiva, sobre todo para valorar lo cotidiano, lo rutinario, lo que se vive día a día y que hace posible nuestra existencia. Sí, el 19 de julio, a los 90 años dejó de existir la filósofa húngara Agnes Heller. Sin duda, su libro Sociología de la vida cotidiana, me marcó para siempre. Su texto es ya un clásico para explorar la jornada habitual de todo ser humano, esos momentos que forman cada día y esas acciones que dan vida a la misma sociedad.

Agnes Heller siempre afirmó que la vida cotidiana es la vida del ser humano entero, que todos los hombres y todas las mujeres tienen una rutina diaria y participan en ella con todos los aspectos de su individualidad y de su personalidad. Es en este ritmo diario donde se “ponen en obra” todos sus sentidos, todas sus capacidades intelectuales, sus habilidades manipulativas, sus sentimientos, pasiones, ideas e ideologías. Es así como se puede afirmar que el ser humano de la cotidianidad tiene actividades y gozos, logra crear y recibir, puede externar su afectividad y su racionalidad, pero no siempre tiene el tiempo ni la posibilidad de absorberse enteramente en ninguno de esos aspectos y esa persona poder atisbarse a sí misma en ese ritmo y en esa identidad. Se vive la cotidianidad, pero pocas veces cada quien se detiene a comprenderla, a manifestarla, a detallarla, a describirla. Pero hay gente que logra hacerlo y recupera su rutina, sus jornadas de vida, su sentir y su sensibilidad, a ese proceso de creación Heller le ha llamado “objetivar”.

Y las veces en que un ser humano logra “objetivar” su vida cotidiana, Agnes Heller denomina esas acciones “formas de elevación”. Así identifica ese momento en que un ser humano se detiene a pensar quién es y por qué hace, vive o siente. Ese periodo representa el instante cuando una persona intenta explicar o representar su cotidianidad, y esas formas son: el arte y la ciencia. La primera enfocándose a la sensibilidad y la segunda a la construcción de conocimiento. Heller escribió: “También lo específico está contenido en todo hombre y mujer y precisamente en toda actividad que sea específica, aunque sus motivos sean particulares. Así, por ejemplo, el trabajo tiene frecuentemente motivos particulares, pero la actividad del trabajo –cuando se trata de trabajo físico– es siempre actividad de la especie. También es posible considerar humano-específicos en su mayoría los sentimientos y pasiones, pues su existencia y su contenido pueden ser útiles para expresar y transmitir la sustancia humana. Y así la mayor parte de las veces lo particular no es el sentimiento ni la pasión, sino su modo de manifestarse”.

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