Bien dice la máxima popular que no hay victorias ni derrotas eternas y un ejemplo de ello es lo que actualmente ocurre en el Congreso local, donde el cambio de correlación de fuerzas está provocando modificaciones por demás interesantes. Uno de ellos comenzó a ocurrir ayer y muy probablemente se consumará hoy cuando el pleno vote el decreto que buscará reformar el artículo 47 y derogar el 166 bis de su ley orgánica para que los cambios a esa norma y los reglamentos internos se modifiquen con mayoría absoluta y no calificada. Eso, en términos llanos, quiere decir que ya no será necesario contar con las dos terceras partes de los votos (20) para modificar la ley orgánica del Congreso, sino que bastará con tener la mitad de los votos más uno (16). Quizá el lector recuerde aquel 31 de julio de 2018, pues fue una jornada violenta en el Congreso local. La entonces mayoría priista, sabedora que perdería el dominio en la 64 Legislatura, tras la paliza que le propinó Morena en las urnas el primero de julio pasado, hizo cambios al vapor en la ley orgánica para evitar ser dominados. Y frente a la resistencia a esa reforma, el Congreso tuvo que ser, literalmente, rodeado de policías y granaderos para permitir que la mayoría priista legislara. No obstante, frente a las condiciones adversas, tuvieron que cambiar de sede y de manera improvisada la aplanadora priista de entonces aprobó la reforma a la ley orgánica del Congreso local. Pero hoy que las condiciones son diametralmente opuestas, el PRI podría tomar una cucharada de su propia medicina. Lo dicho: ninguna o derrota es para siempre, y hoy al tricolor le toca aceptar la decisión de la nueva mayoría en el Congreso. Aunque no les guste.

De filón. Un auténtico SOS lanzaron empresarios del sector de la construcción durante una reunión con legisladores locales. Su petición es simple: quieren reglas claras en las licitaciones públicas para obras en la entidad. ¿Que no era ese un compromiso de la actual administración estatal?

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