Durante la firma de un convenio para abrir una oficina de trazabilidad en coordinación con la asociación GS1 México (que ofrece servicios de estandarización de productos para facilitar los negocios relacionados con el mercado de venta al menudeo), el secretario de Desarrollo Agropecuario (Sedagroh) Carlos Muñiz Rodríguez reconoció un mal que afecta no solo al campo hidalguense, sino a gran parte de los productores mexicanos: la falta de valor agregado a sus productos y la presencia de intermediarios. Este mal, que con los años no ha podido erradicarse, mantiene a los productores en la economía de subsistencia: sus ganancias les sirven para sobrevivir, pero no superan esa etapa. Y lo peor: son otros quienes obtienen réditos con sus productos. Muñiz dijo que Hidalgo tiene potencial pues la entidad es productora de jitomate, pimiento morrón y granada, entre otros productos, que además de calidad, son apreciados en otros países y por tanto, pueden ser fuente de riqueza si se eliminan los intermediarios. Porque hoy, relató el funcionario, los productos hidalguenses citados son acopiados y luego exportados por comercializadores –o intermediarios– que vienen de Puebla, Querétaro y Estado de México. ¿Qué es lo que falta para que los productores o comercializadores hidalguenses sean quienes los vendan directamente al exterior y por tanto se queden con la mejor tajada del pastel? Hace falta crear una nueva clase de profesionales que pueden ser jóvenes recién egresados de las universidades, que lleguen y tomen la iniciativa de acompañar a los productores hidalguenses en la venta de sus productos. Que se formen despachos, oficinas de asesoría y comercialización con profesionales. Así, además de darle valor agregado a los productos que ya existen en la entidad, podrían llevarlos al exterior. Los factores están ahí, solo falta que alguien vea las piezas y las junte con un mejor propósito. De filón. El Centro de Justicia para Mujeres del Estado de Hidalgo dio a conocer cifras de 2016 y reveló que la violencia familiar es la primera causa de agresiones contra las mujeres en la entidad. Y por mucho: 2 mil 305 casos pertenecieron a violencia familiar, mientras que el segundo lugar fue la ejercida en la comunidad (51), luego la laboral y docente (14), por citar las más numerosas. Es decir, el enemigo sigue en casa.

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