“Los ojos, mínimos lagos tranquilos donde tiembla la chispa de mis pupilas y cabe todo el esplendor del día…”
Fragmento de Elogio de mi cuerpo

Hablar nuevamente de mujeres luchadoras por tanta injusticia ejercida en un país, recordando hechos que se escribieron en cada historia de ellas en un pueblo con escenas de violencia y represión, de indudable interés nacional, mucho más amplio que la violación de los derechos humanos. Todo esto es indudablemente importante, en este caso es Alaíde Foppa, de quien muchos y muchas han hablado por haber sido una gran mujer y lo es más cuando no se conoce con exactitud el día de su fallecimiento.

Comentaré en este apartado un poco de esta figura que fue escritora, poetisa, romántica, profesora, feminista, entre otras: Alaíde Foppa Falla (1914-1980), quien nació el 3 de diciembre de 1914 en Barcelona, España; sus padres Tito Livio Foppa, periodista de nacionalidad argentina, y la señora Julia Falla. La familia de su mamá pertenecía a una sociedad de posición acomodada de esa época en Guatemala, y de pensamiento liberal.

Una vez que contrajeron nupcias, los esposos viajaron con rumbo a Barcelona, lugar donde nació Alaíde (Escobedo, 2006), teniendo por consiguiente ascendencia guatemalteca por parte de su mamá y argentina por la vía paterna.

Foppa vivió una temporada en Argentina y tiempo después emigró a Italia, donde cursó la secundaria; en lo referente al bachillerato, lo estudió en Bélgica, y los estudios universitarios en Italia. También asistió a clases al Departamento de Letras y de Historia del Arte en Roma y allí inició su amor por las letras, al escribir sus primeros poemas en italiano, los cuales son inspirados en la maternidad, el cuerpo femenino, lo cotidiano y en la vida. Su primer libro, Poesías, se publicó en España a principios de la década de 1940.

Sus estudios de formación universitaria en las artes y la literatura son los que determinaron sus actividades profesionales como escritora, maestra y periodista. Particularidades que se incrementaron en el contexto rebelde de Guatemala en la década de 1950.

Llega a Guatemala en 1943: “En Guatemala conocí la realidad latinoamericana. El país estaba desgarrado. Llegamos en la víspera de la revolución democrática de 1944”.

Escenario de actos violentos y represivos, que se inscribió en su historia, violación de los derechos humanos y más. Donde vivió en poco tiempo estados de angustia y opresión, ahí por primera vez sintió en la gente el miedo, la angustia enorme de la injusticia social, la pobreza y la explotación del indio. Alaíde participó activamente en esta revolución que inició el 20 de octubre de 1944, como voluntaria en un hospital y en campañas de alfabetización. Cuando tenía apenas 19 años decidió adquirir la ciudadanía guatemalteca (Excélsior, 1981).

Conoció a Alfonso Solórzano, con quien contrajo matrimonio; cuando el gobierno estaba a cargo de Jacobo Árbenz y Juan José Arevalo, trabajaron en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y al terminar la época revolucionaria fundan el Partido Guatemalteco del Trabajo, juzgado como partido militante de izquierda radical. En 1954, estando presos de un régimen autoritario que se sostenía en Guatemala, la pareja emigró forzadamente junto con otras personas a México, como exiliados. Aquí es donde nació el primero de sus cinco hijos: Julio, posteriormente nacieron Mario, Silvia, Laura y Juan Pablo. En esa época se integró en la Facultad de Filosofía y Letras como docente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que ejerció como catedrática de las materias de literatura italiana y de sociología, y también escribió gran parte de su obra poética.

Fue una feminista activa que participó en la defensa de los intereses de género. En 1976 fundó y colaboró en FEM, tal vez la primera revista semanal feminista de México. Colaboró también en el “Foro de la mujer”, programa radiofónico transmitido por Radio Universidad durante varios años. Se integró activamente a la Agrupación Internacional de Mujeres contra la Represión.

Como crítica de arte, durante su estancia en México, promovió la actividad de numerosas artistas plásticas y lo hizo por conducto del Instituto Nacional de Bellas Artes, del que fue asesora, así como de la revista FEM (Hernández, 2013).

Son consideradas de gran importancia las siguientes obras poéticas: Guirnalda de primavera, La sin ventura, Las palabras y el tiempo, Los dedos de mi mano, Aunque es de noche y Elogio de mi cuerpo (Ludec, 2016).

Durante la década de 1970, algunos de sus hijos se involucraron con la guerrilla guatemalteca y dos de ellos fueron asesinados. La muerte de su esposo ocurrió también en esa época. Más tarde, en 1980, volvió a viajar a Guatemala para aclarar la muerte de sus hijos y renovar su pasaporte guatemalteco vencido. El 19 de diciembre fue secuestrada por el Ejército de Guatemala, desapareciendo sin dejar rastro. Organismos internacionales y grupos de intelectuales exigieron que fuera regresada con vida, sin tener éxito en sus demandas. En 1999 se dijo que los despojos de Alaíde Foppa habían finalmente aparecido en el cementerio de La Verbena, cerca de la ciudad de Guatemala.

“Alaíde es el símbolo de la lucha de las mujeres latinoamericanas por la libertad, contra la infamia de la desaparición… (Poniatowska, 2012).”

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